Publicado: 10-04-10
Publicamos la carta que la Hna. María José Caram escribió por la Comunidad Educativa con motivo de esta Pascua.
Colegio Santa Rosa, San Miguel de Tucumán, Pascua de 2010
Celebramos una vez más la Pascua de Jesús. Pero es bueno que nos demos cuenta de que no se trata solamente de un acontecimiento del pasado sino de una realidad plenamente vigente en cada momento de la historia, por más difícil y doloroso que nos parezca.
Este año nos toca celebrar la Vida en medio de situaciones muy difíciles que no podemos ignorar, como son: La tragedia de los terremotos de Haití y de Chile; el sin sentido de la violencia armada que aflige a tantos pueblos de América Latina, del Medio Oriente, de África y de Asia; el avance incontenible del narcotráfico, de la trata de personas; la experiencia angustiante de una justicia que nunca llega para tantas personas y familias; el hambre y la desocupación que aflige a nuestro propio país; la discriminación por razones de sexo, raza, condición social y religión; las rupturas en nuestras propias familias, la ambición y el consumo desmedidos que está poniendo en peligro de muerte a nuestra casa común que es el planeta Tierra.
En la Pascua Jesús se nos entrega como Pan de Vida y nosotras, al recibirlo, nos dejamos hacer pan como Él lo fue. Ésta es la acción del Espíritu en la Iglesia, en cada una de las personas que la constituimos y también en la humanidad entera. Celebrar la Pascua es abrir los ojos para darnos cuenta de que esta realidad sucede hoy. Es como si en una noche muy oscura se nos diera ver una luz que nos permite comprender, en medio del dolor, algo precioso que se va gestando ahora. Ciertamente hay una plenitud que se nos promete más allá del tiempo y de la historia. Pero debemos saber que esa plenitud es ya presente en el Señor Resucitado y en toda comunidad y persona que, en memoria suya, ama, se dona y se entrega.
Este año celebramos en la Arquidiócesis de Tucumán un año Eucarístico. Su lema el “Gracias Señor por tu amor” (Salmo 118). Eucaristía es Pascua, presencia de Jesús Resucitado, desborde del Amor de Dios.
Hace 500 años llegaron por primera vez los dominicos a América, trajeron el anuncio del Evangelio, defendieron la dignidad de los indios y, en medio de las muchas crueldades que se vivían, fueron testigos del amor de Dios para los pequeños que sufren injustamente.
Hace 200 años los pueblos latinoamericanos y nuestra Patria rompieron las ataduras que los ligaban a España y empezaron un camino de liberación. Lamentablemente no fue una experiencia que hayan podido vivirla todas las personas nacidas en este suelo, pero hoy, la celebración del bicentenario nos convoca a hacer realidad la vida, la dignidad, la libertad, la erradicación de la pobreza que afecta a tanta gente.
La Congregación de las Hnas Dominicas, en su último Capítulo General, celebrado en enero de este año, ha expresado su deseo de vivir la vocación dominicana, predicando la justicia y la paz , desde una “mística de mesa inclusiva” , cuidando nuestra casa común, nuestro planeta, creciendo en conciencia ecológica . Como equipo de Catequistas hemos pensado que la pintura de Maximino Cerezo Barredo y el lema “Vengan y siéntense a mi mesa” son dos elementos que nos ayudarán a profundizar y a vivir mejor lo que respectivamente nos proponen el Arzobispo, la memoria de los primeros dominicos llegados a América, las celebraciones del bicentenario y las hermanas de la Congregación.
La Tierra es un don de Dios y debemos aprender a vivir en armonía con ella. Debemos cuidarla y respetarla para que siga siendo nuestra casa común, pueda brindar abrigo y alimento a todos los pueblos. No olvidemos que la creación entera comparte con quienes creemos en Jesús resucitado, la esperanza de una transformación plena.
Que la fuerza de la Resurrección permanezca siempre con nosotras/os
¡Felices Pascuas!
Por la Comunidad Educativa
Hna. María José Caram, O.P.