Adentrándonos en la Palabra

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Domingo 6 de Junio de 2021

Corpus Christi

Éxodo 24,3-8; Salmo 115; Hebreos 9, 11-15; Marcos 14, 12-16; 22-26.

En el relato del libro del Éxodo recordamos el rito en el cual Moisés invita a los israelitas a ratificar su compromiso de alianza con el Señor. La sangre tiene una doble función en la Biblia en los gestos de bendición; por un lado, consagra a Israel como nación santa, y por otro lado, el pueblo adquiere una fuerza interior, vital, que lo purifica de sus pecados. Para los pueblos semitas la sangre era considerada la sede de la vida.

Esta vida es rociada, una parte en el altar dedicado a Dios, y la otra sobre el pueblo, ratificando que la alianza es entre dos. Dios por su naturaleza es fiel, en cambio el hombre, por su realidad es vulnerable, necesita de esa fuerza vital para ser fiel a la parte del pacto que le corresponde.

La segunda lectura avanza un poco más en la descripción y la acción en esta sangre. El rito antiguo debía ser celebrado regularmente para producir esta purificación, porque se usaba sangre de animales. En la carta a los Hebreos la sangre de Cristo, al ser vida entregada, purifica y nos salva de una vez para siempre, permitiéndonos entrar en el reino futuro. 

El evangelio de Marcos nos relata la preparación de la cena pascual y la institución de la Eucaristía. Es importante destacar en la primera parte del texto que leemos hoy, cómo generosamente los habitantes de Jerusalén ponían a disposición sus casas para las cenas comunitarias. Así también los discípulos de Jesús solicitan dónde poder preparar la cena pascual.

La narración tiene muchos detalles, como es característico en el evangelio de Marcos. Entre ellos quisiéramos destacar la utilización de los verbos que le dan a la narración ritmo: tomó el pan, pronunció la bendición o dio gracias, lo partió, se lo dio y dijo. Los cuatro primeros verbos, en la literatura rabínica son términos técnicos de la oración de bendición de la mesa antes de la comida. Pero la novedad está en lo que Jesús dice: el pan bendecido y partido es ahora su propio cuerpo (“Esto es mi cuerpo”), recordando que el término «cuerpo» no se refiere a una parte de la persona, sino a todo el hombre. 

Cuando dice las palabras sobre la copa, haciendo eco del texto de Éxodo que comentamos, se pone claramente de manifiesto que se trata de una comunión con aquel que va a la muerte, porque es una alianza de vida.

La celebración de Corpus nos invita a poder sentarnos en una misma mesa, no para pasarla bien o para hablar de otros, sino para recibir vida de los demás, vida del mismo Dios, es decir ser coherentes y fieles en nuestro compromiso, una alianza que nos pone de cara a un futuro diferente y posible para todos.