Adentrándonos en la Palabra

Adentrándonos en la Palabra

Domingo 12 de Septiembre de 2021

Domingo XXIV del tiempo ordinario

Ante la reacción de Pedro, “lo toma aparte y lo reprende”… Jesús no lo deja de lado, sino que lo vuelve a convocar al seguimiento, aunque no tenga palabra que vengan de Dios, sino respuesta solamente humanas; muchas veces nosotros no terminamos de comprender, pero con nuestras miserias, debilidades e incomprensiones asumimos ponernos en camino; en algún momento el Señor nos “abrirá el oído”, podremos decir “no me resistí ni me eché atrás”, y caminaremos con Él.

Isaías 50, 5-9a, Salmo 114, Santiago 2, 14-18 y Marcos 8, 27-35.

La primera lectura de este domingo, el tercer cántico del siervo de Isaías, nos da las claves para que recorramos el evangelio de Marcos que nos propone la liturgia de hoy. Los cuatro cánticos de Isaías son una obra preciosa en su carácter literario y en su perfil profético. En ellos el siervo acompaña al pueblo en este momento de dolor y desesperación (el exilio en Babilonia), y se transforma en el intermediario de la salvación y liberación divina. Él asume el pecado del pueblo, siendo vehículo y espacio de redención. El cántico que nos toca hoy expresa la disponibilidad del siervo en su misión a partir de tres elementos que luego hacen eco en el texto marquiano. El “dejarse abrir el oído” por parte del Señor, que no es otra cosa que disponerse a escuchar la propuesta del reino para poder comprenderla y asimilarla, para poder responder a ella, para hacerse discípulo, “obedecer” lo escuchado, y aquí encontramos el segundo elemento.

La idea de la obediencia se expresa en hebreo con el verbo scha·máʽ, que significa básicamente “oír” o “escuchar”. Por lo tanto, en algunas ocasiones scha·máʽ se refiere simplemente a oír o percibir algo por el sentido del oído. Pero cuando lo que se habla expresa voluntad, deseo, enseñanza o mandato, el sentido de este término hebreo es prestar atención u obedecer al que habla… el siervo dice “no me resistí ni me eché atrás”, me hice cargo, obedecí. Por último, esta enseñanza, que genera una respuesta, tiene una característica fundamental en el camino de seguimiento: el camino se trata de asumir la cruz, de cargarla, junto al Señor “que me ayuda”; expresión que se dice dos veces en la primera lectura… ¡Debe ser importante para el profeta esta experiencia de cuidado y ayuda!

Veamos como hace eco esta reflexión hoy en Marcos. Estamos en la bisagra del evangelio, está terminando la primera parte. Hasta ahora Jesús caminó por toda la Galilea haciendo milagros, expulsando demonios, predicando, enseñando. Y quiere “comprobar” con una pregunta lo que sus discípulos habían comprendido de su persona. Aquí ellos deberán “abrir el oído” y tendrán que dar respuesta. Es interesante que no son dos preguntas, sino una sola con una suerte de proceso; ¿qué dicen las gentes de mí?, como queriendo manifestar que el proceso de “comprender” para el seguimiento comienza con una experiencia externa… ¡qué dicen los otros! Luego, en un segundo momento deberán responder ¿qué dicen ustedes?, aquellos que convivieron con Él durante todo este tiempo. El seguimiento que les propone Jesús luego de la respuesta de Pedro debe comprender estas dos etapas de la relación con el Señor, si falta la intimidad del día a día, nos quedaremos reconociendo al profeta, pero no al que salva nuestra vida. Esta respuesta termina con un llamado al silencio… ¿por qué? Porque falta otra enseñanza que deben adquirir los discípulos a partir de ahora.

Una vez que se les “abre el oído”, que son obedientes al seguimiento, Jesús les comienza a enseñar la otra parte que deben comprender, el camino de la cruz, en dónde hay que “cargar-asumir” la propia cruz. Y ahí todavía falta mucho… Pedro es el primero en denotar que deberán caminar mucho para comprender que, al igual que el siervo sufriente del texto de Isaías, debemos cargar con el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos, y el propio, dejándonos ayudar por el Señor para alcanzar la liberación. Y aquí comienza la segunda parte del evangelio de Marcos, que mira a la cruz desde un camino lleno de enseñanzas, transitado como comunidad, hasta llegar, junto con el Señor, a Jerusalén. Ya lo recorreremos en los 6 domingos que nos quedan.

Quisiéramos tomar una última clave, que está presente en el texto de Marcos que estamos reflexionando. Es importante que comience diciendo que estamos en Cesarea de Filipos. Cesarea concentra el paganismo, el culto del emperador y poder romano. Junto a la gran caverna rocosa, de la cual sale una de las fuentes del Jordán, había una serie de santuarios de divinidades paganas, entre ellas la del dios Pan, de ahí el nombre del lugar: Paneas. Fuera de Galilea éste no era un lugar neutral sino de impronta pagana. Es ahí donde Jesús interroga a sus discípulos con una de las preguntas fundamentales para todo cristiano. El contexto no es algo extraordinario, sino muchas veces en el día a día, en los lugares en donde intercambiamos con otros que no viven la fe o el seguimiento del reino como nosotros. Ese es el “lugar” propicio para que el Señor nos demande nuestra fidelidad al seguimiento.

Junto con este contexto, está la reacción de Pedro… “lo toma aparte y lo reprende” … ante esta acción de Pedro, Jesús no lo deja de lado sino que lo vuelve a convocar al seguimiento, aunque no tenga palabra que vengan de Dios sino respuesta solamente humanas. Muchas veces nosotros no terminamos de comprender, pero con nuestras miserias, debilidades e incomprensiones asumimos ponernos en camino. En algún momento el Señor nos abrirá el oído, podremos decir “no me resistí ni me eché atrás”, y caminaremos con Él.