Adentrándonos en la Palabra

Adentrándonos en la Palabra

Domingo 9 de Agosto 2020

XIX Domingo – Ciclo A

¿Es posible que el amor y la verdad estén juntos? ¿Es posible que la justicia y la paz se abracen? ¡Y sí! Solo que necesitamos hacer esos corrimientos que pudieron realizar Elías, Pablo y la comunidad de los discípulos; sólo así podremos celebrar esos encuentros de realidades que en el mundo de hoy se presentan tan distantes.

1 Reyes 19,9a.11-13a; Salmo 84; Romanos 9,1-5 y Mateo 14,22-33.

Adentrándonos a la Palabra…

Los textos de este domingo nos invitan a ponernos en la presencia del Señor cuando nada en nuestro entorno nos ayuda a reconocerlo. Las imágenes son muy sugerentes, y los personajes, tanto Elías como Pablo, y los mismos apóstoles viven situaciones muy parecidas a las nuestras. Nos detengamos un poco en cada uno de ellos.

Comencemos por Elías; el profeta se encuentra en una situación desesperada, fruto de su fidelidad a lo que creía y esperaba del Señor. Todos sus compañeros han caído bajo la espada de la reina Jezabel, y él tiene la vida totalmente amenazada. No le queda otra que huir, se dirige al sur, hasta el monte Sinaí, y ahí se produce uno de los encuentros más reveladores de la Biblia entre un hombre y su Dios. No es en el ruido, en las grandes o portentosas manifestaciones en dónde el Señor está, nos consuela y anima, y nos da fuerzas para continuar caminando en fidelidad, sino en una brisa suave, en un silencio ligero; y es allí cuando sentimos y experimentamos su presencia, nuestra fortaleza en medio de la gran vulnerabilidad de la vida. De aquí pensemos todas las relaciones que implican fidelidad y compromiso mutuo. ¿Dónde generamos esos encuentros que fortalecen nuestras relaciones? ¿Nos damos ese tiempo y esos espacios en los cuales la brisa suave serena nuestras vidas y genera confianza mutua?

A Pablo le pasó algo parecido. Él se encuentra en un momento de gran definición, debe ayudar a la comunidad de Roma a que pueda integrar en su seno tanto a paganos y judíos convertidos al cristianismo; y en medio de la tensión de los suyos, a los que ama tanto, debe hablar desde el corazón y hacer ver con mucho dolor y tristeza, pero a la vez con mucha firmeza, él ¡dónde está el Señor! Y ¿dónde está? En unos como en otros, tanto en la memoria del pueblo de Israel, en sus patriarcas y profetas, de quienes desciende Jesús de Nazaret, pero también en aquellos a los cuales Dios se les reveló más allá de la raza y de la sangre, los paganos que se sintieron llamados a la nueva comunidad. ¡El Señor se manifiesta dónde quiere y cómo quiere!

Por último nos fijemos en la comunidad de Mateo. Ellos suben a la barca y de vuelta ella está a la merced de olas y de los vientos. Ya hablamos otras veces como la barca en el evangelio de Mateo representa a la comunidad, hablando claro la comunidad se siente abatida, con movilidad interna y externa, los ejemplos están de más, creo que cada uno y cada una puede nombrar todo aquello que nos desestabiliza en nuestras relaciones, en nuestras comunidades y grupos familiares. Y en medio de toda esa realidad, sale a la luz dos imágenes; la primera es que la barca está bien lejos de la orilla, de la seguridad y de la posibilidad de buscar ayuda. La segunda tiene que ver con el poder “reconocer” al Señor que viene a calmar la inseguridad y a aumentar la fe de todos aquellos que no pueden pisar firme. Jesús al principio es confundido por un fantasma, pero su voz, la voz del Maestro, en medio de las olas y el viento, les dice ¡no teman! Luego está el hecho de que Pedro no puede sostenerse en su fe, y necesita que el Señor le tome de la mano, para continuar caminando.

¿Dónde está el Señor? ¿Dónde lo podemos reconocer? ¿Qué necesitamos para continuar creyendo en medio de las vicisitudes de la vida? Creemos que las tres experiencias nos brindan claves para crecer en ese sentido. Por último el salmo cierra esta reflexión invitándonos a ver en gestos concretos su presencia:

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;

¿Es posible que el amor y la verdad estén juntos? ¿Es posible que la justicia y la paz se abracen? ¡Y sí! Solo que necesitamos hacer esos corrimientos que pudieron realizar Elías, Pablo y la comunidad de los discípulos; sólo así podremos celebrar esos encuentros de realidades que en el mundo de hoy se presentan tan distantes.

Canción para estar con Dios