Adentrándonos en la Palabra

Adentrándonos en la Palabra

Domingo XVI durante el año

La liturgia de este día nos trae dos relatos de visitas. Tres hombres que se acercan y son acogidos en la tienda de Abraham y Jesús que es recibido en la casa de Marta y María. En los dos lugares se describen actitudes de acogida y hospitalidad hacia la presencia de Dios que quiere estar en nuestra cotidianidad.

Génesis 18,1-10a, Salmo 14, Carta a los Colosenses 1, 24-28 y Lucas 10, 38-42.

En este domingo quisiéramos compartir la reflexión de San Agustín de Hipona del siglo IV sobre las actitudes de Marta y María; estas representan no solo dos imágenes de nuestra vida, sino que integran a la vez los distintos momentos de nuestro caminar como cristianos.

𝐒𝐚𝐧 𝐀𝐠𝐮𝐬𝐭í𝐧 (𝐬.𝐈𝐕)

Creo que comprenderán que estas dos mujeres, las dos amadas por el Señor, las dos dignas de su amor, las dos discípulas suyas…, estas dos mujeres, son imagen de dos formas de vida: la vida de este mundo y la vida del mundo futuro, la vida de trabajo y la vida de descanso, la vida llena de preocupaciones y la vida en la bienaventuranza, la vida en el tiempo y la vida eterna.

Dos vidas: meditemos sobre ellas más largamente. Consideren qué compone la vida de aquí abajo: no digo que sea una vida reprensible…, una vida de desenfreno e impía; no, hablo de una vida de trabajo, cargada de pruebas, angustias y tentaciones, de esta vida que no tiene nada reprochable como era la de Marta… El mal no había entrado en esta casa, tanto en Marta como en María; si hubiera entrado, la llegada del Señor lo habría disipado todo.

Dos mujeres, pues, han vivido en ella, las dos han recibido al Señor, dos vidas amables, rectas, una hecha de trabajo, la otra de descanso… Una, vida de trabajo, pero exenta de compromisos, escollo de una vida dada a la acción; la otra, una vida exenta de ocio, escollo de vida de recreo. Había allí dos vidas, y la misma fuente de vida…

La vida de Marta, es nuestro mundo; la vida de María, es el mundo que esperamos. Vivamos la de aquí con rectitud para obtener plenamente la otra. ¿Qué es lo que ya poseemos de ésta vida?… Precisamente, ya en este momento llevamos un poco esta vida: lejos de los negocios, fuera de las preocupaciones familiares, ustedes se han reunido aquí para escuchar. Con este comportamiento se asemejan a María. Y les es más fácil que a mí que debo hablarles. Sin embargo, lo que voy a decir, lo tomo de Cristo, y este alimento es el de Cristo. Porque él es el pan común a todos, y es por ello que yo vivo en comunión con ustedes.

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia – Sermón 104;

PL 38, 616.