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Renovación de votos de la Hna. Daniela

La Hermana Daniela Cerutti renovó sus votos en la comunidad La Asunción de Santiago del Estero. Damos gracias por su nuevo sí a la vida religiosa y le pedimos al Señor que la fortalezca en su compromiso de vivir el Evangelio en el proyecto de Elmina.

Comentario de la Hermana Daniela:

El texto que elegí para que me acompañara en esta renovación es Rut 1, 16: “…A dónde tú vayas, iré yo; y dónde tú vivas, viviré yo;tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” , porque este texto tiene la fuerza de la entrega completa, sin medidas, un compromiso radical con Dios y con el pueblo, especialmente con los más vulnerables, y la fidelidad hasta el final.

Renovar los votos fue un poner en las manos de Dios y en las de las hermanas mi vida como signo de entrega, compromiso, y fidelidad, es un seguir apostando por el proyecto de Madre Elmina, es continuar lo que ella empezó.

Así, como Rut apostó la suya, por su suegra, por Noemí y por ese Dios que la enamoró. La vida siempre nos pone en movimiento, nunca nos deja quietos, siempre tiene algo para sorprendernos, para invitarnos a mirar de otro modo, para gastarla en, con y por los demás; para entregarla por amor, para vivirla compartiendo lo sencillo, lo cotidiano, lo pequeño…

Hoy puedo afirmar, con mis aciertos y mis errores, que cada año que pasa me siento más yo, más plena, más fecunda, más humana y puedo volver a decir con certeza que Jesús es mi vida.

Comentario de María Irlanda Cerrizuela:

Impresas las palabras de Ruth “… adonde tu vayas, iré yo; y dónde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (Ruth 1,16)  llega a mí la hermosa invitación  a la  celebración de renovación de votos de la Hermana Daniela. Que más reflejo y sentido de entrega  a  este texto que el camino recorrido  de vida  por Daniela.   Ser testigo del gran compromiso que asumió,  nuevamente,  ante Dios en su plenitud,  fue un canto de esperanza, un mágico momento de gracia. Donde su SÍ transformó toda la existencia e iluminó con sus dones el espacio y el corazón de toda la comunidad. Con ella aprendí que  “Cada persona es una historia sagrada” (Jean Vanier). Agradezco ser parte de su  espíritu transformador y de su entrega.

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