Oyentes de la Palabra
LA PALABRA DE DIOS EN EL DOMINGO XXIV DURANTE EL AÑO
La misericordia y el perdón de Dios nos sobrepasan. A pesar de esto, o gracias a ello, estamos invitados a practicar el perdón con nuestros hermanos. Es incomparable su amor hacia nosotros con respecto a la paciencia que tenemos hacia los demás. Seamos conscientes de su trato con nosotros para que eso nos movilice a una actitud similar.
Eclesiástico 27,33–28,9; Sal 102; Romanos 14,7-9 y Mateo 18,21-35.
El evangelio de este domingo es la continuidad del evangelio del domingo pasado. Recordemos que estamos dentro del cuarto gran discurso de Mateo: el discurso de la comunidad. La semana pasada centramos nuestra mirada en el proceso de la corrección fraterna hacia un hermano. Hoy Pedro entra en diálogo con Jesús para preguntarle cuántas veces debe perdonar a un hermano; el Señor no sólo le propone un cambio de perspectiva sino que le cuenta una parábola, convencido de lo difícil para un judío de la época era pasar de una propuesta rígida, cómo lo exigía la ley de perdonar hasta cuatro veces (recordemos en la respuesta de Zaqueo en el evangelio de Lucas) a perdonar setenta veces siete. En la mentalidad del Maestro sólo queda explicar este cambio a sus discípulos a través de una parábola, para que comprendiendo el mensaje, entiendan la profundidad de la novedad que trae el Reino de los cielos. Veamos cómo esta temática se desarrolla en las lecturas que nos propone la liturgia de hoy.
La primera clave que quisiéramos compartir en nuestra reflexión es el paso de la corrección fraterna hacia el perdón sin límite. La comunidad que nos invita a vivir el reino de los cielos es aquella que se dispone a amar y perdonar sin límites. Pedro se anima a preguntarle a Jesús acerca de la cantidad de veces para perdonar al hermano. Lo que está detrás de la pregunta es el número 4 exigido por el judaísmo rabínico acerca de la idea del perdón fraterno. Pedro se anima un poco más y le propone al Señor perdonar hasta 7 veces. Pero el perdón que exige el reino de los cielos es aquel que supera todo límite: 70 veces 7… lo que significa perdonar siempre.
La segunda clave que reflexionamos hoy tiene en cuenta la propuesta del libro del Eclesiástico: “Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?” El perdón hacia las ofensas que nos hace nuestro hermano camina a la par del perdón que nos ofrece el Señor. En nuestra cotidianidad tenemos la experiencia de que el Señor nos ama y nos sostiene más allá de nuestra infidelidad. ¡De esto no tenemos duda! Por lo tanto, estamos invitados a tratar a nuestros hermanos como el Señor nos trata.
El versículo clave de la parábola está justamente aquí… en las palabras del rey: “¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?” (v. 33). Observemos que la palabra “compasión” traduce las dos veces el mismo verbo ἐλεέω, destacando una clara vinculación y dependencia entre la actitud humana exigida y la actitud divina: “Dios tuvo compasión/misericordia de ti; tú debes tener compasión/misericordia de tu deudor”.
Por último Jesús, conociendo lo difícil de esta actitud, nos propone la siguiente comparación: el rey, que representa a Dios, está dispuesto a perdonar una deuda correspondiente a casi 160.000 años de trabajo… a nosotros se nos invita a perdonar una deuda comparable a 3 meses de salario. La misericordia y el perdón de Dios nos sobrepasan. Pero a pesar de esto, o gracias a ello, estamos invitados a practicar el perdón con nuestros hermanos. Es incomparable su amor hacia nosotros de la paciencia y el perdón que tenemos hacia los demás. Justamente este contraste, en las cifras y en las actitudes, es lo que indigna tanto a los demás servidores que acuden al rey, tal como se narra al final de la parábola.
Pidámosle al Señor que podamos ser conscientes de su trato con nosotros como lo que dice el Salmo… y que eso genere y movilice en nosotros una actitud similar, por lo pequeña que sea como en la parábola, hacia nuestros hermanos:
“Él perdona todas nuestras culpas
y cura todas nuestras enfermedades;
él rescata nuestra vida de la fosa
y nos colma de gracia y de ternura”
Para profundizar en la Palabra...
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