Oyentes de la Palabra
LA PALABRA DE DIOS EN EL DOMINGO XVIII DURANTE EL AÑO
El maestro bendice el compromiso que tienen sus discípulos ante esta situación determinada: hay mucha gente que está con hambre, en una situación de gran vulnerabilidad, en un descampado, sin posibilidad de salida, y ¡esa urgencia debe ser atendida! Al bendecirlo lo “hace bueno” para los demás. Ésta es nuestra respuesta a la propuesta del reino de los cielos que leímos en las parábolas.
Isaías 55,1-3; Salmo 144; Romanos 8,35.37-39 y Mateo 14,13-21.
El evangelio de este domingo nos pone en el camino de las lecturas que vinimos haciendo en los domingos anteriores. La semana pasada terminamos de leer las parábolas del reino de los cielos del evangelio de Mateo. Ya en el capítulo 14, el evangelista comienza a plantear cómo ante la propuesta que nos hace Jesús de vivir el reino, los discípulos-nosotros, estamos llamados a concretarla en nuestras vidas. Es por eso que uno de los primeros relatos que Mateo desarrolla luego de presentar el reino es la narración de lo que llamamos “la multiplicación de los panes”. En ella no se habla de que el Señor mágicamente multiplica los pocos panes y peces que había para que tanta gente pueda calmar su hambre, en ningún momento se usa la palabra “multiplicar” como acción de Jesús, sino de “bendecir”. El maestro bendice el compromiso que tienen sus discípulos ante esta situación determinada: hay un gentío que está con hambre, en una situación de gran vulnerabilidad, en un descampado, sin posibilidad de salida, y ¡esa urgencia debe ser atendida!
¿De qué se trata ese compromiso que nos compete a nosotros? Es interesante que el mismo texto nos dé la respuesta.
Aquí tenemos 5 panes y 2 peces, primera clave, hay algo que podemos tener en medio nuestro para poner en común y saciar el dolor, acompañar la desesperanza, mirar con ojos nuevos… ¡características que vinimos trabajando sobre los elementos del reino de los cielos!
Hacer recostar a la gente y repartirles el pan y recoger lo que sobra, segunda clave; organizar para que aquellos que se encuentran en una situación de necesidad puedan sentirse dignos y “cómodos”, primer momento, repartir con respeto, segundo momento, recoger para los demás, tercer momento. Es fundamental en nuestra respuesta por el reino esa capacidad, esa estrategia en el compromiso solidario y compasivo hacia los demás, hay que pensar desde el respeto hacia el otro, el cómo, el qué, el cuándo y el cuánto podemos en esta situación de vulnerabilidad.
Ver lo que tenemos como capacidad y don entre nosotros, aunque sea algo pequeño… poco, y desde allí qué podemos hacer con eso, proyectar lo que queremos y deseamos ante esa situación. Por último acercarla al Señor para que la “bendiga”, la fructifique, la “haga buena” para los demás, eso significa la bendición. Ésta es nuestra respuesta a la propuesta del reino de los cielos.
Ante este compromiso con nuestros hermanos que se encuentran en una situación de vulnerabilidad, leemos en la primera lectura la experiencia que vivían los judíos en el exilio, momento en su historia de la mayor vulnerabilidad: habían perdido su tierra, su templo, su alianza, ¡su identidad! Y el profeta, en una suerte de alentarlos en la esperanza, les dice: “¿Por qué gastan dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no los sacia? Escuchen atentos, y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Inclinen el oído, vengan a mí escúchenme, y vivirán. Haré con ustedes una alianza para siempre”, en medio de la desazón y desesperación, al pueblo no le queda otra que confiar en la Palabra del Señor, que es El único que los saciará, porque Él si se compromete para siempre; al pueblo solo le compete poner de lo suyo, escucharlo y aceptar la acción de Dios en sus vidas, algo que muchas veces nos cuesta cuando nos sentimos tan agobiados, ¿no? Y gastamos muchas energías, nuestro salario, en otros caminos, no confiamos en lo que tenemos para ponerlo en manos del Señor para que lo bendiga.
Esta confianza llega a una expresión límite en la carta a los Romanos, ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?, nada porque Él nos ha amado, nos ha tratado bien, está con nosotros, bendiciendo cada una de nuestras capacidades y dones que ponemos en común para transformar nuestra realidad en el reino de Dios, que es un reino de paz y justicia, de fraternidad y solidaridad, un reino para todos
Para profundizar en la Palabra...
Una iniciativa, promovida por las Teólogas de la UISG, te propone “Transformadas por la Esperanza”, un espacio de escucha y discernimiento sobre los Evangelios dominicales que acompañarán nuestro camino cuaresmal.




