Oyentes de la Palabra

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LA PALABRA DE DIOS EN EL IV DOMINGO DE CUARESMA

 

 

Dios no mira las apariencias sino el corazón. Él elige a un muchacho pequeño, que precisamente por su pequeñez es apto para convertirse en signo de la soberanía misericordiosa de Dios en medio de su pueblo. Todos los gestos pequeños y sencillos que tengamos en estos días son los que quiere Dios. Son los que realmente salvan… ¡Cuidemos la vida para que todos tengamos vida en abundancia!

1Samuel 16,1b.6-7.10-13a; Salmo 22; Efesios 5,8-14 y Juan 9,1-41.

En esta cuarta parada del tiempo cuaresmal, quisiéramos detenernos en tres claves que nos ayuden a comprender mejor las escrituras que nos propone la liturgia. 

La primera lectura nos da otra la primera clave para reflexionar. Los criterios de Dios son diferentes de los criterios de los hombres, y su ungido no es grande, célebre, llamativo. Por el contrario, es un muchacho pequeño, que precisamente por su pequeñez es apto para convertirse en signo de la soberanía misericordiosa de Dios en medio de su pueblo. Además, David es un pastor, que es el verdadero modo de ser rey para Israel. Solo un pastor puede entender que Dios quiere que sea solícito hacia aquellos que le son confiados. Un pastor nunca deja solo a su rebaño… ni a ninguna de sus ovejas, menos la más olvidada.

Dios prefiere la pequeñez frente a la grandeza, el pastor frente al hombre duro. La elección de Dios se fija en el pequeño para poder hacer, a través de él, cosas grandes; en el débil, para poder confundir con él a los fuertes… como el cántico de María, donde ella proclama que Dios miró la humildad de su sierva. Se trata de una opción misteriosa, muy lejana para nosotros, como él nace en la pequeña Belén, y como muere con una muerte injusta en la cruz, en el abandono total, para contener todo el dolor y la muerte que vive la humanidad.

Lo segundo que quisiéramos traer a nuestra reflexión es la luz. Decíamos la semana pasada que íbamos a recorrer un camino con tres signos que nos acercarían a la Pascua: agua, luz y vida. Comenzamos con el agua el domingo pasado, y hoy la imagen de la luz nos trae su mensaje. El evangelio comienza describiendo un hecho concreto y particular: Jesús ve a un hombre, ciego de nacimiento, le unta los ojos con barro hecho con saliva y lo manda a lavarse a la piscina de Siloé (enviado, como David de la primera lectura). El ciego se lava allí y comienza a ver. Este milagro, o signo en el evangelio de Juan, desata una serie de reacciones y opiniones enfrentadas, que en el fondo giran en torno a la identidad de Jesús.

El evangelista Juan presenta dos niveles de significado: la ceguera y la visión. Por un lado, está la ceguera física del ciego de nacimiento, que a pesar de ser una persona que nunca vio, por tener fe puede ver. Por otro están los fariseos que físicamente ven, pero espiritualmente están ciegos pues se cierran a creer en Jesús. ¿De qué ceguera estamos hablando?… ¿a qué luz debemos abrirnos?

No es una luz externa la que falta a nuestra mirada, sino que muchas veces lo que le falta a nuestro modo de ver es la luz… En nuestros dichos es muy gráfica esta reflexión: estamos “ciegos de ira”, o vivimos “cegados por la ambición”, a veces decimos que nuestros amores “son ciegos”, le replicamos a alguien que se quite la “venda sobre los ojos” y muchas veces expresamos que aquel tiene “una mirada confusa” … poco clara. La luz que debe iluminar nuestra mirada es aquella de la verdad, una verdad que nos libera y que nos hace responsables de nuestras acciones. Es aquella mirada que nace de nuestro interior y no de enojos y pasiones. Es aquella que no está influenciada siempre por el afuera, sino que nace de lo que acontece dentro nuestro, fruto de la presencia de Dios y de nuestros hermanos en el corazón…por eso la primera lectura nos dice que “Dios mira el corazón”… ¡en  dónde realmente Él habita!

Por último, el salmo 22 nos acerca una reflexión espiritual para los tiempos de desasosiego. El verdadero pastor es aquel que sabe caminar por duros y oscuros caminos junto a los suyos, sabe cómo hacerlos descansar y reposar, pero también los acoge para que recobren sus fuerzas.

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Para profundizar en la Palabra...

 

Una iniciativa, promovida por las Teólogas de la UISG, te propone “Transformadas por la Esperanza”, un espacio de escucha y discernimiento sobre los Evangelios dominicales que acompañarán nuestro camino cuaresmal.