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Donde hay vida, hay esperanza

09/17/2020

Al respecto, Ana Lourdes Suárez comparte lo siguiente:

El 11 de septiembre presentamos el libro La comunidad Virgen de La Asunción. Signo de esperanza en el barrio Carlos Gardel en vivo por el canal de YouTube de la editorial Guadalupe. Abrió el evento el director de la editorial, el padre Pedro Pitura, ponderando el foco del libro; le cedió rápidamente la palabra al moderador Gerardo Ramos, quien introdujo a las cuatro autoras y luego de que cada una de ellas hablara, fue recogiendo las preguntas de los que participaron de la transmisión.

El libro se focaliza en un colectivo: una comunidad eclesial, y, tal como figura en su título, expresa una convicción: que la fe, el compromiso y la solidaridad de sus miembros dotó a esta comunidad cristiana de una vitalidad particular. El barrio Carlos Gardel, ubicado en el primer cordón del Conurbano bonaerense, recoge hoy los frutos de su presencia en el territorio desde los inicios de su conformación a fines de los 70s. El escrito, tal como intentamos transmitir las autoras, tiene un largo recorrido, cargado de circunstancias, ideas e intuiciones, que involucran a varias personas, que le fueron dando forma a un proyecto cuyo objetivo principal fue recoger la experiencia y el compromiso de los protagonistas de la comunidad eclesial Virgen de la Asunción. Lo que creo que más sumó al proyecto fue la intuición y la convicción de que el proyecto valía la pena. Cuando una comunidad eclesial está dotada de esperanza y de fe, su recorrido deja huellas y siembra frutos que se van recogiendo con el tiempo. Quisimos recoger esas huellas y esos frutos desde la voz de sus protagonistas; sea de los que viven actualmente ahí, como de los que no están más en el barrio, como el caso de algunas comunidades de religiosos/as (la Comunidad de Oblatos de María, las religiosas del Sagrado Corazón); sea también de los que están desde el comienzo o los que se han ido sumando a lo largo de los años (entre ellos la comunidad de las Hnas. Dominicas de Haedo; algunas de las hermanas han hecho del barrio su residencia transitoria o semipermanente). Las reflexiones interdisciplinarias entre las autoras del libro y los profundos intercambios con los miembros de la comunidad eclesial nos ayudaron a todos a mirar al barrio como un espacio que, en el marco de sus vulnerabilidades y conflictos, está surcado por la fe, la entrega, la visión y el compromiso de muchos de sus habitantes.

Concluyo con una apreciación personal. En el transcurso de los aproximadamente seis años que pasaron desde la primera vez que fui al barrio, conocí y entablé vínculos con numerosas personas. Estas relaciones ampliaron mis horizontes, me enriquecieron personal y profesionalmente, sellando la certeza que los cientistas sociales entendemos mucho más las dinámicas sociales cuando nos sumergimos en ellas. Presencié a lo largo de estos años el pasaje de la capilla a parroquia. El gozo que este reconocimiento produjo me pareció justo; sellaba un recorrido y marcaba un nuevo compromiso. Presencié a su vez el impacto que produjo la concreción y el desarrollo del Proyecto Casa Encuentro comunitario a través del cual el gobierno provincial, en base a la confianza que les daba lo andado desde “la capilla”, decidió fortalecer su acción proveyendo a la comunidad de más recursos para que continuaran ampliando su incidencia en el barrio. Ambos eventos confirmaron la certeza que ya tenía cuando entré por primera vez al barrio: donde hay vida hay esperanza…

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