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La Mesa del Buen Trato: Movimientos, lugares, rescates con compasión

El 2020 ha sido un año de cambios que no fueron planeados y tampoco sabíamos cuán profundo podía impactarnos la vivencia de una pandemia en el siglo XXI, contando con recursos científicos y preparación para combatir enfermedades, que en otros tiempos se ha cobrado muchas vidas.

Los cambios son parte de la vida, algunos planificados y otros nos toman por sorpresa. La vida espiritual es un camino que recorremos experimentando esos cambios desde la raíz, esos cambios que anima la Ruaj Santa que mueve, crea y revitaliza nuestra existencia.

Nos dejan perplejas escuchar y ver las noticias sobre los cambios que las distintas formas de vida van experimentando: calentamiento global, sequías, recursos naturales agotados, inundaciones, migraciones forzadas, grupos de personas que buscan refugios huyendo de las guerras fratricidas, explotación humana.

Este año nos sentimos invitadas a sentarnos a la mesa con Domingo de Guzmán a compartir el pan y escuchar las voces de hermanas y hermanos que buscan la paz, la libertad y el respeto por su dignidad. Una de esas voces que escuchó Madre Elmina y que la llevó a abrir las puertas de su casa y de su corazón a niñas y niños vulnerados por el cólera, las voces que escucharon las hermanas junto a amigos y amigas, compañeras y compañeras de camino a lo largo de los 135 años de vida congregacional y que hoy necesitamos escuchar, cuidar y proteger.

Una de las heridas de la humanidad es la Trata y el Tráfico de personas, hoy todavía se sigue esclavizando y comercializando la vida de muchas personas, ¿qué debemos hacer?, ¿cómo podemos ayudar a liberar de esta esclavitud?

El 23 de Septiembre de 1913 se aprobaba en Argentina la Ley Palacios, donde se declaraba que la pornografía infantil y la explotación sexual de mujeres es un delito y por lo tanto se debe penalizar. Hoy esta realidad sigue vigente y potenciada por los medios de comunicación, por gente que sigue abusando de la vida de las personas más vulnerables. No podemos quedarnos indiferentes ante este dolor humano que transciende y que abarca toda la creación. Sólo basta un gesto, una palabra y podremos ayudar a salvar la vida de muchas personas. Somos parte de un todo que nos convoca a entregarnos en el amor, donde nadie queda fuera, donde todos, todas y toda la creación tienen un lugar.

Nos inspira la vida de Santo Domingo en extender la mesa de la comprensión, del diálogo, de la hermandad universal, nos inspira Madre Elmina en el rescate amoroso de la orfandad, nos inspiran los santos y santas de la puerta de al lado que dicen: ¡Vení, sentate conmigo!

Y como dice la oración de la Mesa de la Mascarella… una mesa en donde todos y todas podamos recibir el pan de la vida y de la dignidad, y el vino de la alegría de la amistad compartida. Que en esta mesa quede fuera toda forma de dominio y explotación.

Hermana María Alejandra Leguizamón OP