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Reunión del equipo de Codalc en México

08/01/2018

En junio se reunió el equipo de la Confederación de Dominicas de América Latina y el Caribe (Codalc) en San Cristóbal de las Casas (México). El objetivo fue compartir la gestión de cada una en la animación de sus zonas y actividade, y continuar programando las actividades del año. La Hermana Valeria Nougués, quien participó por la Congregación, relata el trabajo de esos días.

Noemí Zambrano compartió las informaciones de las reuniones de DSI y la organización del Curso de Formadores a realizarse del 16 al 26 de agosto en Bogotá. Teresa Pagán compartió la realidad del Caribe y el impacto de los huracanes del año pasado. Además abordamos cuestiones finales sobre la realización del Encuentro de Teólogas dominicas del 19 al 23 de septiembre en Lima. Pude socializar lo realizado durante el V Predicarte en Asunción del Paraguay, junto con la proyección de un posible Predicarte a nivel mundial en Roma 2019, como así también, las comunicaciones establecidas con las hermanas del Cono Sur. Marcela Soto compartió la información de Justicia y Paz y Rosa Pérez las actividades de la familia dominicana en México y las comunicaciones desde la secretaría de Codalc. Organizamos y programamos la próxima Asamblea de Codalc a realizarse los primeros días de febrero de 2019. Esta Asamblea renueva los lazos de comunión de las congregaciones dominicas del continente y nos permite proyectar actividades que nos sostengan mutuamente en nuestra predicación.

Gozamos de un día completo de encuentro con las hermanas de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, una diócesis con una gran trayectoria de compromiso por la Justicia y la Paz y por una pastoral de conjunto que hace posible una Iglesia que camina junto al pueblo indígena, tan postergado en su historia. Tuvimos una exposición a cargo del antropólogo Marcos Girón Hernández, que nos ayudó a situarnos en el proceso histórico de la región, en sus diversas luchas por la justicia: desde la salud, la educación y la tenencia de la tierra.

Conocimos las actividades que cada congregación realiza en el lugar y juntas pintamos un mural comunitario que recogió la vida y reflexión realizada. El altar maya, elaborado entre todas nos acompañó durante todo el día con su rica significación:

  • De Oriente a poniente: el camino de la divinidad
  • Rojo: el fuego la vida desde donde sale el sol.
  • Morado o negro donde se pone y espera la vida para regenerarse
  • De norte a Sur el camino de la humanidad
  • Norte: blanco, el sufrimiento, la muerte como los huesos, el frío.
  • Sur: amarillo donde germina la vida.
  • En el centro la cruz donde se juntan, el camino de la humanidad y de la divinidad.
  • 13 velas: para los cristianos representa a Jesús y los doce apóstoles, para los indígenas: los 13 cerros protectores/sagrados, el 13 es un número completo y sagrado.

Celebramos la Eucaristía junto a Fr. Gonzalo Ituarte OP, que viene acompañando el proceso de esta diócesis desde el tiempo de Don Samuel Ruiz, llamado con cariño por su gente: Jtatik Samuel (nuestro Padre).

El día 8 de junio tuvimos el encuentro con el equipo de la Conferencia Interprovincial de los Dominicos de América Latina y el Caribe (Cidalc) para pensar juntos y programar los días compartidos de las Asambleas de hermanas y frailes a realizarse en San Miguel (Buenos Aires) los días 1 y 2 de febrero de 2019. Nuestra reunión se celebró en la sala del obispado, un lugar sencillo pero cargado de historia, donde Don Samuel firmó acuerdos de paz con los zapatistas y donde el Papa Francisco se reunió con los líderes indígenas y cristianos en su última visita.

Pudimos recorrer partes de la ciudad y sus alrededores y visitar una de las comunidades cristianas tzoltziles en San Andrés. Me conmovió la vida y compromiso de los ministros laicos con sus esposas, animando la celebración presidida por tres matrimonios, alternando en el servicio a la comunidad en una misma celebración, nos invitaron a participar activamente en la misma, predicando la Palabra.

Doy gracias a Dios por haberme permitido servir a la familia dominicana en nuestro continente, ya que me ha posibilitado tomar contacto con realidades muy diversas, conocer otras culturas y costumbres. He aprendido mucho de la vida de las hermanas, de su predicación y compromiso en cada lugar, como así también del modo en el que cada congregación encarna nuestro carisma dominicano.  

Ser parte de la familia dominicana es una gran bendición, siento que nuestra pequeña congregación extiende sus brazos en estos espacios y nos abre el corazón a la diversidad y riqueza del camino que Santo Domingo inició.

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