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Un viaje a las maravillas del Creador

08/27/2019

«El año anterior habíamos itinerado en un viaje “peregrinación” al Tucumán de nuestra Madre Elmina. Esta vez, esperarían a nuestros estudiantes de 3º, 4º y 5º año del nivel secundario las Misiones Jesuíticas en los restos civilizatorios y evangelizadores de San Ignacio; las piedras que guardan secretos milenarios, los primeros calores del planeta en preciosos úteros rocosos en el corazón de las tierras de Wanda; Aripuca, museo a cielo abierto que guarda los vestigios de la antigua selva en troncos de más de un metro de diámetro recordándonos lo que fuimos como naturaleza y lo mal que estamos yendo; la comunidad originaria Jasy Porá nos recibió desde su propuesta de Turismo Comunitario como una forma de autogestión en un territorio recuperado donde han podido construir su propia escuela, siendo ahora ellos escuela para nosotros; y al fin el Parque Nacional Iguazús, con sus aire de frescura arbórea en medio del calor tropical, con su agua interminable y sus saltos de maravilla atrapando los espíritus suscitando una contemplación que nos acerca al misterio de todo lo creado.

De regreso, nos esperaba una recorrida por Las Marías, para ver uno de los lugares donde crece la yerba del mate que es, más allá del paquete tal o cual, una marca de identidad que habla de viaje, tardes, mañanas, reuniones, juntadas compartidas. Y para agradecer tanta alegría y tanto aprendizaje, tanto alumbramiento de las almas y los días, nos detuvimos en Itatí para agradecerle a la Virgen por las bendiciones recibidas en tan hermoso viaje al estilo de Domingo: para aprender y estudiar el mundo que nos rodea y escuchar lo que tiene para pedirnos y contarnos.

Cuando celebramos a Santo Domingo y pensamos en el estudio, lo hicimos a través de la parábola del sembrador, y nos detuvimos a rezar en torno a tres condiciones que son necesarias para que una semilla germine, se desarrolle como planta y de frutos. Así es el carácter del estudio que nos legó Domingo. Sembrar la Palabra y la sabiduría de Dios en nuestros corazones, para crecer y desarrollarnos integralmente como cristianos y dar los frutos del Espíritu. Las tres condiciones para que la semilla fructifique son: la temperatura adecuada, la humedad necesaria y los nutrientes. Así, pensamos en cómo es que nos disponemos a crear clima personal, áulico, familiar, en grupos para que el estudio, la llegada del saber de Dios y de la vida, encuentren clima propicio para ser recibido y aceptado. La humedad, pensamos que serían aquellas cualidades necesarias para que la Palabra llegue a nuestra interioridad, la oración, la meditación, la lectura contemplativa y reflexiva como posibilitadoras de la apertura de nuestro ser, tal como el agua hidrata y ablanda la semilla para la vida contenida en su interior comience a desplegarse. Y los nutrientes, minerales, bacterias y hongos, es todo lo que traemos de la vida vivida, con sabores y sinsabores, experiencias, sentimientos, historias, es aquello que nos ha traído hasta aquí y quiere ser dispuesto como alimento para que la semilla florezca.

Así fue nuestro viaje de estudios inspirado en nuestro hermano Domingo de Guzmán: el mejor clima convivencial, las conversaciones de viaje, la ayuda mutua, las esperas y los apoyos, el disfrute; hidratados por la disposición a dejarnos atravesar contemplativamente por las memorias en relatos de historias vivificantes y a través de una naturaleza exultante y maravillosa con la oración unida a la voz de ella; tomando de cada una de nuestra experiencias vitales los interrogantes, las búsquedas, los conocimientos y gustos que abonaron con creces todo el saber dispuesto ante cada paso dado.»

Comunidad educativa del Colegio Santa Teresita