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Entre cerros y misachicos

Entre el 14 y 17 de Julio, el equipo Arquidiocesano de Pastoral de las Comunidades de Alta Montaña de Tucumán compartió la celebración del día de la Virgen del Carmen en Chaquivil y Ancajuli.

Esta visita estuvo marcada por los misachicos. Por eso, compartimos  una reflexión sobre su significado:

El misachico, como toda peregrinación, produce una experiencia de comunidad que fortalece al peregrino en los vínculos sociales, en el sentido de pertenencia y en la identidad comunitaria. Las relaciones que se establecen entre las personas que comparten el rito de la peregrinación, les hace experimentar un intenso sentimiento de intimidad e igualdad, una conciencia de que entre ellas se ha establecido un vínculo “yo-tú”. Durante la realización del misachico, se desdibujan las barreras entre los miembros de la comunidad, aún los más enemistados, todos experimentan un vínculo común basado en la experiencia unificante de la peregrinación, que se constituye en una experiencia de inclusión, aún de los más marginados de la comunidad. Los habitantes de la alta montaña de Tucumán,  experimentan la peregrinación como un ámbito privilegiado para fortalecer la relación con Dios, darle gracias por los favores recibidos y pedir por su necesidades.

Por otra parte el misachico constituye una “liturgia al aire libre”, en donde el contacto con la naturaleza constituye una importante fuente de atracción. Como Raimon Panikkar afirmaba, el hombre y la naturaleza se pertenecen mutuamente. Los une el nexo del espacio, se siente inmerso en llanuras, montañas, valles, desfiladeros, ríos, rocas, árboles, animales y se experimenta hermano de otros seres humanos. Todos forman parte de un todo y los une el espacio. El ser humano es un ser histórico, pero no exclusivamente. También es un ser cósmico. Se ha dicho muchas veces que no podemos gozar de la amistad divina si no amamos a nuestros prójimos. Pero se olvida con frecuencia que también se requiere una koinonía cósmica para nuestra unión con lo divino, en definitiva para ser genuinamente nosotros mismos. El extrañamiento terrenal produce la alienación humana y el ostracismo de lo divino.

Las comunidades de alta montaña de Tucumán conservan este bello ritual del misachico y con él actualizan varias veces al año la memoria de la necesaria vinculación con Dios, sus compañeros de camino y la madre tierra.