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Fr. Timothy Radccliffe y Fr. Brian Pierce visitaron a dominicos y dominicas en Irak

09/15/2015

Respondiendo a la invitación de Fr. Amir Jaje OP, Vicario del Vicariato Árabe de la Provincia de Francia, el ex Maestro de la Orden, Fr. Timothy Radcliffe OP (Provincia de Inglaterra) y el ex Promotor de las Monjas de la Orden, Fr. Brian Pierce OP (Provincia de San Martín de Porres, Estados Unidos) visitaron Irak del 8 al 16 de enero. Fueron 9 días de encuentro profundo con los hermanos dominicos de Bagdad y las hermanas dominicas en Erbil.

Compartimos a continuación una síntesis de lo vivido.

Queridas hermanas, hermanos, amigos cercanos y lejanos:

Estoy de vuelta a casa en Texas después de la que ha sido una de las más conmovedoras y retadoras experiencias de mi vida Dominicana. Timothy Radcliffe, OP y yo pasamos nueve días en Irak (Bagdad, la capital, y Erbil, al norte, en el Kurdistán iraquí). Hemos estados con nuestros hermanos dominicos (en Bagdad) y hermanas (en Erbil), todos iraquíes. Nuestro viaje tenía un día de diferencia con una delegación de tres hermanas dominicas de Estados Unidos, que también estuvieron en Erbil, en Kurdistán Iraquí, en una visita solidaria y de confirmación de los hechos.

Fueron días bonitos, y al mismo tiempo fueron días llenos de historias de tragedia, pérdida e incertidumbre. La fe del pueblo iraquí es simplemente increíble, su capacidad de recuperación es un signo de su profunda fe, esperanza y amor por su tierra nativa. Los cristianos han estado viviendo en Irak casi desde los tempos de Crsito. Ahora su presencia en su amada tierra está en grave peligro. Conocimos a musulmanes que piden a los cristianos que se queden en Irak, y escuchamos las trágicas historias de musulmanes extremistas que quieren aniquilar la presencia de cualquiera que no piense como ellos. En palabras de Jim Wallis, de Sojourners, comentando los ataques de París:

“Lo que estos asesinos, y los que son como ellos, no entienden es que son ellos los verdaderos blasfemos, imponiendo sus falsas y asesinas distorsiones del Islam en el mundo y en otros hijos de Dios. Su religión es ahora la violencia en sí, una interpretación blasfema del Islam … «

Por favor, orad por nuestros hermanos y hermanas de Irak (tenemos alrededor de doscientas hermanas dominicas, hermanos y laicos en Irak). Por favor, urgid a vuestros gobiernos oficiales a enviar ayuda y protección por las decenas de miles de refugiados vulnerables, ahora apretados en campos de refugiados; y que detengan los juegos de guerra y de petróleo con estas gentes, que anhelan un respiro de paz.

Gracias. Aquí encontraréis el artículo que hemos escrito. Compartidlo con otros libremente.

Paz con esperanza,
vuestro hermano, Brian

Nuestros hermanos y hermanas en Irak
Brian Pierce OP y Timothy Radcliffe OP

Respondiendo a la invitación de Fr. Amir Jaje OP, Vicario del Vicariato Árabe de la Provincia de Francia, visitamos Irak del 8 al 16 de Enero. Somos muy conscientes de lo superficial que es nuestra comprensión de este bello y complejo país y su sufrimiento, pero incluso así querríamos compartir lo que hemos visto y oído, la esperanza que mantienen viva nuestros hermanos y hermanas, y lo que podemos hacer para apoyarles. Por favor, perdonad cualquier inexactitud.
Nuestros hermanos y hermanas pertenecen a una de las más antiguas comunidades cristianas del mundo, que se remonta al tiempo de Cristo. Son nuestros mayores, por lo que debemos estar con ellos en estos terribles momentos. También el sufrimiento de Irak es sintomático de la crisis de todo el mundo. ISIS, o Da’esh, como se le llama normalmente en Irak, es un hijo de nuestros tiempos. Su violencia deriva, al menos en parte, de la violencia de la cultura Occidental, con su gusto por las armas. El gusto de los jihadistas por ver nuestras películas, con sus interminables asesinatos. Somos cómplices de lo que está ocurriendo allí. Nuestras invasiones provocaron la crisis que el pueblo iraquí ahora mantiene.
Comenzamos en Bagdad. Una web de viajes en Internet nos aconsejaba no ir en absoluto, pero en caso de ir, permanecer dentro de la Zona Verde fortificada, donde están protegidos casi todos los extranjeros. Si uno atraviesa esta fortificación, los medios de transporte aconsejados son el helicóptero o un vehículo blindado. ¡Ni los frailes ni las hermanas tienen nada de esto! Mientras atravesábamos Bagdad con nuestro hermano Amir, en ningún momento experimentamos tensión ni nos sentimos amenazados. En todas partes éramos bienvenidos con una generosidad que es asombrosa, dado que nuestros respectivos países han tomado parte en la explosión que está destrozando este país.
Por supuesto, no es totalmente seguro: había terroristas suicidas y secuestros, incluso mientras estuvimos allí. Pero el arma más potente del terrorismo es el terror. Si dejamos que el terror nos impida visitar esta ciudad, o si nos tiene atrapados detrás de los altos muros de una inexpugnable fortaleza, los terroristas han ganado. Los iraquíes se sienten olvidados y traicionados, pero si uno visita a nuestros hermanos y hermanas en Irak, la bienvenida va más allá de las palabras. Después de Bagdad, volamos a Erbil, donde nos unimos a una delegación de tres hermanas Dominicas, Dusty Farnan, Marcelline Koch, y Arlene Flaherty, que estaban visitando el campo de refugiados en Kurdistán. Disfrutamos de la inolvidable hospitalidad de la Hna. Maria Hanna, Priora General, y su comunidad de maravillosas y estupendas hermanas.

Lo que vimos
Los números y estadísticas son estremecedores. 500.000 cristianos y yazidíes, junto a un número de musulmanes moderados, huyeron de la antigua ciudad de Mosul cuando Da’esh (ISIS) arrasaban la Llanura de Nínive a principios de agosto de 2.014. Algunos días después las ciudades mayoritariamente cristianas de Qaraqosh y Bartola se vaciaron de cristianos en cuestión de horas, mientras las fuerzas de ISIS marchaban hacia estas comunidades cristianas. Sin tiempo para preparar su trágico éxodo, la gente se marchó llevando consigo solamente lo que podían llevar en sus brazos, ya que huían en coches o andando, hacia la región Kurda de Irak.
Nos encontramos con una pareja en uno de los campos de refugiados cuya hija –un bebé- fue arrebatada de los brazos de su madre por un militante de ISIS, mientras abandonaban Qaraqosh en un autobús. No hay noticias de dónde puede estar el bebé. Un pastor católico, que ahora dirige uno de los campos de refugiados en Ankawa (el ‘campo’ no es otra cosa que el oscuro y húmedo armazón de hormigón de un centro comercial sin terminar) nos contó que de las cuatro iglesias que atendía en Mosul, una ha sido convertida en un almacén de armas, mientras que las otras tres se usan como cárceles y lugares de tortura.
Hemos escuchado historias estremecedoras sobre traiciones por parte de viejos amigos y vecinos musulmanes a medida que ISIS devastaba estas ciudades y vecindarios predominantemente cristianos. Alguno de los musulmanes incluso han llamado por teléfono a sus antiguos vecinos cristianos, insultándoles, y diciendo: “Ahora tenemos vuestras casas y estamos vendiendo las mercancías que dejasteis en vuestros comercios”. Aunque hemos encontrado mucha gente que aún mantiene la esperanza de regresar, otros han dicho que la traición de sus antiguos amigos y vecinos ha provocado una herida que nunca puede ser curada.
Uno de los obispos de Kurdistán nos dijo que debido a la violencia y la ausencia de todo tipo de ayuda por parte del gobierno iraquí, aproximadamente 1800 cristianos abandonan Irak cada mes. Algunos se están reasentando, al menos temporalmente, en los países circundantes (principalmente Líbano y Jordania), mientras otros se van a Europa, Australia o Norteamérica. Con frecuencia los que tienen más estudios son los que huyen. Para muchos, este es el comienzo de una vida en el exilio, resignados a la posibilidad de no volver a ver nunca su tierra de origen. Algunos cristianos dicen que deben marcharse por el bien de sus hijos. Los que se quedan son los más pobres, aunque algunos cristianos y musulmanes moderados que tienen medios han preferido quedarse, comprometiéndose en la difícil tarea de ayudar a construir un nuevo Irak. El coraje de nuestros hermanos y hermanas para quedarse a construir el futuro con su pueblo es un poderoso testimonio de su fe en el constante amor y misericordia de Dios.
Nos contaron que las autoridades locales de Kurdistán han comenzado a cerrar sus fronteras a nuevas oleadas de refugiados, dejándoles sin un lugar para buscar asilo y seguridad. Hay aproximadamente 120.000 refugiados en Ankara (un suburbio cristiano de Erbil, en el Kurdistán iraquí) que están viviendo en cubículos de una habitación (llamadas caravanas) del tamaño de un remolque. En muchos campos se unen dos caravanas con un baño común, mientras en otros los baños y duchas son públicos. Muchas personas están enfermas con resfriados y otras dolencias, debido al invierno tan inusualmente frío de este año y las precarias condiciones de vida. Algunas caravanas albergan 8-12 miembros de una familia, y nos contaron que en una vivían 26 personas de una única y gran familia, en una situación casi insostenible.
El campo de refugiados más grande –el Ankawa Mall- es el hogar de 400 familias, 1.700 personas aproximadamente. Con mucha creatividad, han reservado un espacio que sirve como una especie de cafetería donde la gente puede descansar y disfrutar de una partida de dominó. ¡Los dos nos quedamos profundamente sorprendidos! Las hermanas Dominicas de Santa Catalina están trabajando con dos sacerdotes y un hermano de otra congregación en un nuevo vecindario en las afueras de Erbil, donde se han alquilado 200 casas de nueva construcción para acomodar familias de refugiados.
Desgraciadamente nos están completamente libres del peligro de la violencia en su nuevo entorno. Hace algunas semanas, un terrorista suicida, un fundamentalista kurdo, se explotó en Erbil, alimentando el temor de que incluso dentro de las fronteras de su ‘nuevo hogar’ como refugiados, no están totalmente seguros. Se estima que alrededor del 18% de los musulmanes kurdos son miembros de una secta fundamentalista.
La carga psicológica y mental de estos refugiados es preocupante, dado que el futuro es tan incierto. En un campo vimos cómo treinta o cuarenta refugiados desesperados protestaban ante uno de los sacerdotes que trabaja allí, mendigando respuestas y alivio. El sacerdote permaneció ante ellos pacientemente, escuchando amablemente sus gritos desesperados de auxilio, con pocas respuestas que dar ante sus angustiosas demandas. El dolor más duro es que se les arrebata su dignidad humana. Sus necesidades son, sencillamente, aplastantes. El heroísmo de quienes ayudan, médicos voluntarios, enfermeras y farmacéuticos, sacerdotes y hermanas, muchos de los cuales son a su vez refugiados, es increíblemente conmovedor en tales circunstancias.
Los refugiados yazidíes, muchos de los cuales han sido atendidos por entidades de la Iglesia, sufren un sufrimiento añadido, de ser considerados por muchos de sus vecinos como adoradores del diablo. La Iglesia ha llamado a los líderes musulmanes a ser más directos en la denuncia del uso de la religión como pretexto para la violencia. Mientras algunos reclaman que el Islam es una religión de paz, otros dicen que es una religión nacida en la violencia, y que no parará hasta que todos los ‘infieles’ sean convertidos o aniquilados. Los musulmanes moderados, sin embargo, han estado valientemente en pie al lado de sus vecinos cristianos y yazidíes, compartiendo sus luchas y ofreciendo ayuda a los refugiados.
Pocos iraquíes confían en las naciones Occidentales, exigiendo que asuman su responsabilidad de esta crisis, aún cuando continúan los simulacros de combate para el control de las enormes reservas de petróleo de la región. El fundamentalismo musulmán, apoyado por el dinero de Arabia Saudí y Qatar, usa la avaricia y la voracidad económica de Occidente como un pretexto para sus propios objetivos egoístas y violentos. Coincidió que estábamos en Irak en el momento de la brutal masacre de la revista Charlie Hebdo en París. La campaña “Soy Charlie” ha resonado en todo Irak y los países colindantes. Esto sólo conducirá a más violencia. Una hermana dominica iraquí nos comentó: ‘Mientras marchan en París por la libertad de expresión, nosotros somos asesinados en venganza por las caricaturas’. Los frailes dominicos en Ankara tuvieron una vigilia de oración de dos oras en solidaridad por las víctimas de la masacre de París, mientras se hacían eco de la súplica del Papa Francisco por una prudente restricción. La libertad de expresión nos es un ‘derecho’ desconectado de la justicia social, no-violencia y responsabilidad ética. El encuentro de la ofensa con más ofensa llevará a más violencia. Nosotros, los cristianos, debemos mostrar que la no-violencia tiene el poder de cambiar el mundo en una nueva era de paz.
Muchos hablaban de occidentales que se están uniendo a ISIS y otros grupos jihadistas internacionales. Aunque no siempre podemos impedir al joven radicalizado salir hacia Oriente Medio, no parece constructivo castigar o arrestar a los que regresan a Occidente, desilusionados por las expresiones violentas y extremistas del Islam. Debemos recibir al joven en casa y ayudarle a sanar las heridas de la guerra. Solo la educación y la búsqueda de justicia derrotarán al fundamentalismo. Al final, los que regresen desilusionados por la violencia de ISIS pueden ser los mejores predicadores de otros jóvenes que están tentados a unirse a estos grupos violentos.
El acceso a las escuelas y universidades se ve como uno de los pasos más importantes y urgentes para contener el crecimiento del fundamentalismo violento. Un obispo en el Kurdistán iraquí dijo que se necesitan desesperadamente entre treinta y cuarenta universidades y un número de hospitales para frenar la huída a otros países de todos los iraquíes perseguidos.
¿Qué esperanza?
La pregunta que constantemente nos perseguía durante esta visita era: ¿Cómo pueden nuestros hermanos y hermanas de Irak mantener viva la esperanza? Con frecuencia nos explicaron que en árabe hay dos palabras que se traducen por ‘esperanza’. ‘Amal’ es el optimismo cotidiano de que las cosas irán bien. ‘Raja’ es una esperanza más profunda, basada en nuestra confianza en alguien, sobre todo en Dios. La mayoría de los cristianos han perdido todo ‘amal’. No ven futuro en absoluto, excepto un triste exilio en tierra extranjera. Un obispo nos dijo que incluso los bebés aún no nacidos estaban deseando marcharse.
Pero hay signos de esta esperanza más profunda, ‘raja’, incluso aunque no está claro cómo llegará a buen término. Estar en Irak es ya un signo de esperanza. Un profesor de química dijo a una de nuestras hermanas: «¿Por qué sigues aquí? Francia te aceptará”. Cuando muchos de los discípulos huyeron, Jesús dijo a Pedro: ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ (Juan 6, 67). Pedro se quedó. Jesús permanece con nosotros, y quedarse es un poderoso signo de esperanza cuando tantos se marchan. ¿Quién sabe lo que haríamos en esta situación? Si tuviéramos hijos, ¿nos atreveríamos a quedarnos y arriesgar su futuro? Lo nuestro no era urgir a los miembros de esta antigua comunidad cristiana a quedarse y mantener viva su tradición única. Pero esperábamos que algunos lo hicieran.

Es una fuente de esperanza que algunos musulmanes dicen que si los cristianos se van, el Irak que ellos aman terminará. La relación entre creyentes de diferentes religiones ha sido el corazón de la identidad iraquí. En un restaurante musulmán en Bagdad, que ofrecía ‘pollo ¿…..????’ (‘impregnating chicken’), ‘oveja rellena de arroz’ y ‘pollo invertido’, había una imagen de la Última Cena de Cristo con sus discípulos, y una vela quemada (light burnt) ante un icono de la Virgen y su hijo. Dimos una conferencia pública a casi trescientas personas en Bagdad, de las cuales el 70% eran musulmanes. Ellos rogaban a los cristianos que se queden. Un hombre joven dijo: ‘¿Por qué debatimos si los cristianos deben quedarse o marchar? Ellos estaban aquí antes que llegaran los musulmanes’.
Es esperanzador que a veces los musulmanes reconocen el cristianismo como una religión de paz. Cuando los soldados vinieron buscando armas en Bagdad, entraron en una casa cristiana, pero cuando vieron el nacimiento, dijeron: ‘Tú eres Jesús. Aquí no hay armas’, y se fueron inmediatamente. Parece ser que sobre todo los cristianos recibieron y colaboraron con los yazidíes. Los cristianos tienen algo esencial que ofrecer si la sociedad iraquí va a encontrar una nueva unidad.
Nos contaron que este año muchos musulmanes compraron árboles de Navidad. Por supuesto, esto puede ser debido en parte por el dominio del mundo occidental en los medios y su imagen de la Navidad. Pero para muchos musulmanes, especialmente los chiítas, esto era una expresión de devoción compartida: musulmanes y cristianos unidos ante el árbol para formular un deseo, en honor al profeta Jesús.
Esta esperanza se asoma en la sencilla determinación de levantarse cada mañana y hacer lo que debemos hacer hoy. Uno de nuestros hermanos, Nouiran, dijo: ‘La esperanza significa que vivo hoy, pase lo que pase mañana’.
Esta esperanza brilla en el compromiso cristiano de continuar cuidando de otros, incluso cuando nuestro propio futuro es tan incierto. En una clínica de un sórdido campamento conocimos a una mujer que había sido dueña de tres farmacias hasta la terrible noche en que llegó ISIS. Ahora trabaja como voluntaria, dispensando las pocas medicinas que tienen. Dijo: ‘He perdido todo, pero he aprendido la gratitud por lo poco que queda. Por eso he venido’.
En Bagdad quedamos abrumados por la visita a dos casas. Las hermanas de la Madre Teresa dirigen un hogar para niños de todas las religiones que han sido abandonados por su discapacidad. ¿Quién podría olvidar la inteligente y delicada cara de Nora, nacida sin brazos ni piernas, que da de comer a niños más pequeños con una cuchara entre sus dientes? Dos vírgenes consagradas recibieron a 60 mujeres mayores, de todas las religiones, que no tienen casa, con quienes reímos y oramos. La alegría en estos lugares es sacramental de la esperanza en un mundo nuevo.
Visitamos dos centros de refugiados construidos por los hermanos, llamados ‘La Vid’ y ‘Esperanza’. Nuestros hermanos Nageeb y Sarman nos explicaron que es importante que cada familia tenga una casa con una ventana y una puerta. Uno tiene que mirar fuera, pero también la dignidad humana requiere un espacio para la intimidad. Aquí los mismos refugiados están involucrados en la construcción de caravanas de emergencia y casas, un empleo que les da algún ingreso pero, incluso más importante, también dignidad.
La memoria apuntala la esperanza. Uno difícilmente puede imaginar la esperanza que les dio a estas personas de uno de estos campos cuando sonó el teléfono en Nochebuena, y el Papa Francisco estaba allí, para decirles que no eran olvidados. Recordémosles nosotros también, y seamos un signo de nuestro Dios que nunca olvida a nadie: ‘¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.’ (Isaías 49, 15s)
Cuando visitamos estos y otros centros, nos impresionó cómo nuestros hermanos y hermanas recordaban los nombres e historias de muchos de los refugiados. Hay un hambre de reconocimiento. Muchas ONG’s tratan a las personas como simples números, unidades con necesidades materiales, en lugar de los dignos hijos del Pueblo de Dios, cuyos nombres Dios conoce.
La memoria del pasado puede ser un signo de esperanza en el futuro. Las cosas no tienen necesariamente que ser como son hoy. Nuestro hermano, Nageeb, logró arrebatar los antiguos archivos centenarios del Vicariato (Vicariate’s centuries’ old archives ) ante las mismas narices de ISIS y llevarlo al exilio, manteniendo viva la memoria del pasado. Esto nos ayuda a recordar que hemos sobrevivido crisis en el pasado.
El signo más intrigante de esperanza fue el compromiso con la educación. Si ISIS es vencido sólo militarmente, renacerá en otra forma. El verdadero enemigo es el fundamentalismo ciego, que alimenta su violencia. En 2012, el Padre Dominico Yousif Thomas Mirkis, ahora Arzobispo de Kirkuk, fundó en Bagdad la Academia de Ciencias Humanas. Tiene 500 estudiantes, la mayoría musulmanes. Estudian filosofía, sociología, antropología, así como inglés y francés. Obtienen certificados expedidos por DOMUNI, nuestra Universidad de internet. ¿Es una locura asistir a conferencias sobre Wittgenstein cuando ISIS está decapitando gente? Pero en esta violenta tormenta, la Iglesia debe aferrarse a su fe en la razón. El logotipo de la Academia es el escudo Dominicano, con un lápiz en el centro, en el que se apoya un gran signo de interrogación. El Arzobispo Mirkis nos dijo: ‘Necesitamos lugares donde la gente pueda inspirar el oxígeno del debate’. Aquí discuten si es cierto que ‘Yo soy Charlie’, más que simplemente repetir un slogan. La Iglesia mantiene viva la creencia en la razón cuando muchos otros buscan sólo la fuerza. La inteligencia puede atravesar los muros del prejuicio y la estupidez.
Nuestra revista ‘Christian Thought? (Pensamiento Cristiano, n.t.), editada por fr. Philippe la compran muchos musulmanes que desean pensar y dialogar con nosotros. No es para difundir ideas cristianas, sino para que la tradición de reflexión cristiana pueda abrir un espacio para el diálogo. Hace 800 años, en la antigua Bagdad, los escolares cristianos, musulmanes y judíos estudiaban juntos. El compromiso de Fr. Amir para el diálogo con los estudiantes chiítas en el sur de Irak, en Najef, es un testimonio de esperanza. Uno de nosotros asistimos a una cumbre de líderes cristianos y musulmanes en Roma en diciembre, donde muchos chiítas hablaron con afecto y respeto por su trabajo.
En Ankawa, en el norte, visitamos el Babel College, donde enseñan muchos de nuestros hermanos y hermanas. Dos de nuestras hermanas tienen doctorados en Escritura, de Oxford y Notre Dame. ¡Qué maravillosa expresión de esperanza, con larga visión de futuro, formar profesionales en tan terribles circunstancias! Tres de los profesores de esta universidad cristiana son musulmanes. Hay 120 laicos en el programa laical.
La belleza también hace visible la esperanza en el rostro de la monstruosidad de la violencia. Tuvimos una tarde muy conmovedora en Bagdad, donde visitamos la Iglesia de Nuestra Señora de la Entrega, donde el 31 de octubre de 2010 fueron masacrados cuarenta y siete laicos y dos sacerdotes, junto con los cinco terroristas suicidas que se explotaron tras entrar en la iglesia durante la celebración de la Eucaristía. Durante nuestra visita a la iglesia, encontramos una mujer que había sido alcanzada por el atentado, perdiendo el niño que estaba en su seno. La nueva iglesia, bellamente reconstruida con delicado trabajo de madera, con los nombres de los difuntos tallados en las paredes, es un signo de la victoria de la resurrección, cuando florezca la estéril madera muerta de la cruz, como lo hará en Irak. Creemos que la sangre de los mártires dará fruto.
Finalmente, en los campos, hay muchos niños cuya risa juguetona nos da esperanza. Visitamos dos hospitales en Bagdad fundados y dirigidos por las hermanas dominicas de la Presentación y de Santa Catalina, cada uno de los cuales tiene una sala de maternidad. Aquí están naciendo los futuros ciudadanos de Irak, musulmanes y cristianos, unos junto a otros. Una hermana, comadrona, se describía ante nosotros como ‘la madre de Irak’.
Cuando visitamos los campos en el norte, los niños venían corriendo para conocer a estos extranjeros vestidos con hábitos blancos. Habían sido arrastrados fuera de sus hogares, huyeron para salvar sus vidas y viven en la miseria, pero tenían una espontaneidad y confianza que no siempre es evidente en los niños occidentales. Justo antes de la comunión en el rito caldeo católico, dos niños suben al altar a recibir el signo de paz del sacerdote, que transmiten a la asamblea. Quizá estos niños son los mensajeros de esperanza para el futuro, incluso cuando ahora no podemos ni imaginar qué forma tomará.

¿Qué podemos hacer?
Esta es una pregunta que con frecuencia hacíamos a los hermanos y hermanas. Frecuentemente la respuesta era: ‘Contad a la gente la verdad de lo que aquí está ocurriendo’ Este es nuestro lema: Veritas.
La verdad es que ésta es una enorme catástrofe humanitaria, que está aplastando millones de vidas.
La verdad es que este desastre en gran parte ha sido provocado por la torpe intervención de Occidente en la región, buscando principalmente sus propios intereses.

La verdad es que la confrontación con ISIS es síntoma de una crisis que afecta a toda la humanidad al inicio del siglo XXI, como las culturas tradicionales se enfrentan a la modernidad.
La verdad es que la violencia de ISIS es en parte un fruto amargo de la violencia de un sistema económico mundial que está creando cada vez mayores desigualdades entre las naciones y dentro de las naciones. Debemos informar a nuestros políticos, invitarlos a visitar Irak y trabajar por una solución a esta catástrofe.
En segundo lugar, los dominicos de Irak piden nuestras oraciones. Muchos de ellos oran cada día: ‘¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?’ (Salmo 15, 1). Debemos asediar los cielos con nuestras oraciones, como la viuda importuna golpeando la puerta del juez hasta que le dio lo que quería (Lucas 18, 2ss). Debemos orar frecuente e insistentemente por la paz en Irak y por sus cristianos, en nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestros diversos ministerios.
Tercero, sería maravilloso si algunos de nuestra gran Familia Dominicana visitara nuestros hermanos y hermanas en Irak, y conocieran las personas a quienes sirven. Las pegatinas distribuidas por la Orden durante la última guerra de Irak decían: ‘Tenemos familia en Irak’. Todavía la tenemos. Ven, especialmente si tienes alguna tarea que pueda ayudar a los refugiados, si eres enfermera o médico, o un experto en el tratamiento de personas con traumas. Quizá pequeños grupos de gente joven puede venir por un par de semanas para estar con los jóvenes en estos campos, para compartir su experiencia. Esto sería transformante, tanto para los que vienen como para los que son visitados. Por supuesto, es un poco arriesgado, pero no debemos estar gobernados por el miedo: ‘El amor perfecto expulsa el temor’ (1 Juan 4, 18).
Finalmente, podemos recolectar dinero para ayudar a estos refugiados, para que puedan vivir con dignidad y esperanza. Los fondos para apoyar el trabajo de los hermanos y hermanas pueden enviarse a:

PROVINCE DOMINICAINE DE FRANCE
DOMICILIATION : HSBC FR AGENCE CENTRALE
IBAN : FR 76 3005 6001 4801 4854 2857 016
Code B.I.C. : CCFRFRPP