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La Palabra del Domingo: 1° Domingo de Adviento Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Cor1, 3-9; Mc 13, 33-37

La Palabra del Domingo: 1° Domingo de Adviento Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Cor1, 3-9; Mc 13, 33-37 …Jesús que nos enseña a llamar a Dios PADRE NUESTRO, y a vivir como hermanos, única construcción posible dónde habita el Señor… Adentrándonos a la Palabra: Las lecturas de este primer domingo de Adviento nos invitan […]

La Palabra del Domingo: 1° Domingo de Adviento Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Cor1, 3-9; Mc 13, 33-37

…Jesús que nos enseña a llamar a Dios PADRE NUESTRO, y a vivir como hermanos, única construcción posible dónde habita el Señor…

1 domingo

Adentrándonos a la Palabra:

Las lecturas de este primer domingo de Adviento nos invitan a renovar un camino de espera y conversión. Tanto el texto del profeta Isaías como el evangelio de Marcos nos ubican en un tiempo de urgencia de cambios, de desolación y definiciones, ante las cuales, la certeza de la presencia del Señor renueva la confianza. Nos detendremos como siempre en tres claves que nos ayuden a retomar este camino que transitamos todos los años con la mirada puesta en la venida de Cristo al final de los tiempos.
La primera clave se presenta en el contexto de la primera lectura. Sabemos que el pueblo de Israel ya volvió del exilio esperanzado de encontrar todo lo prometido por los profetas que los acompañaron en ese momento tan doloroso y sufriente que vivieron, perdieron todo lo que les deba seguridad de una alianza con el Señor, la tierra-el templo-la ley. Cuando regresan y entran en la ciudad santa, todo eso seguía en ruinas, estaban en su tierra, pero lo que les daba seguridad, las construcciones humanas, estaban totalmente derruidas.
Frente a esa desolación y desestabilización, el pueblo intenta depositar su responsabilidad en el Señor; y la voz del profeta sonará muy clara, Dios realmente no nos escondió su rostro sino que nos ayudó a ser conscientes de nuestras culpas. Esta clave es muy fuerte ya que «ser entregado» a nuestras propias culpas es el dolor más grande que podemos tener, esto es, ser plenamente conscientes de que somos responsables de lo que vive nuestro pueblo. Y aquí nace lo más hermoso de esta primera lectura, comienza una liturgia penitencial; frente a la desolación y dolor de nuestras cultas, solo NUESTRO PADRE puede salvarnos y perdonarnos porque somos obra de sus manos. La expresión, NUESTRO PADRE se dice tres veces en nuestro texto, reafirmando categóricamente que sólo El nos ama más allá de nuestras culpas y límites, porque nos conoce desde que éramos arcilla en sus manos… Y en la memoria de este pueblo, DIOS NUNCA ABANDONA LAS OBRAS DE SUS MANOS.
La segunda clave nos pone en sintonía con respecto a esta experiencia de desolación que leemos en las dos lecturas. En la primera el templo grandioso y solemne, está totalmente en ruinas. Quién nos dará la seguridad de la presencia de Dios en nuestras vidas si su «casa» está destruida? Por otro lado, en Marcos, Jesús tiene un diálogo con sus discípulos al comenzar nuestro capítulo 13 (nosotros hoy leemos la última parte del mismo) frente a las grandeza del templo; de cara a esta magnificencia, el Señor anuncia que no quedará piedra sobre piedra; por lo tanto frente a esa próxima devastación de la morada divina hecha de piedras, Jesús invita a los suyos a estar preparados. La «casa» o «morada» del Señor ya no se centra en construcciones meramente humanas, de piedras y proyectos de los hombres, sino en el reconocimiento de nuestras culpas y en la experiencia de amor con NUESTRO PADRE… Jesús es el nuevo templo que se construye en nuestro corazón y en medio de nuestras comunidades, es El el que nos enseña a llamar a Dios PADRE NUESTRO, y a vivir como hermanos, única construcción posible dónde habita el Señor.
Por último quisiéramos detenernos en el texto de Marcos y construir juntos la tercera clave para rezar y contemplar este adviento que estamos comenzando. En este capítulo el evangelista presenta el tiempo escatológico. Y aquí, frente al anuncio del final de los tiempos, planteando de una manera figurativa, el Señor se va a otro país (Jesús resucitó), se destaca la certeza de que vendrá nuevamente. Cómo debemos permanecer? Dice cuatro 4 veces la necesidad de permanecer «vigilantes»; en la biblia el vigía no solamente es el que está despierto y no se duerme, sino aquel que está atento en su corazón para poder discernir los signos de los tiempos y anunciar a su comunidad que el que está viniendo es el Señor, y no todos aquellos que Marcos presenta como falsos profetas o signos falsos de su presencia.
Cómo tener ese corazón atento? Marcos será muy gráfico. A cada uno se la asignará una tarea y tendrá autoridad para vivirla. En otras palabras, cada uno debe ser consciente de su don y tarea en el reino de Dios, y vivirla con responsabilidad, con autoridad. Por lo tanto «estar vigilantes» no es una actitud pasiva, sino tremendamente activa. El único problema en esta espera es que no se sabe cuando, 2 veces repetido, vendrá el Señor. Es por eso que la «vigilancia» es una actitud constante en nuestra vida.
Para terminar, y sólo con el fin de graficar la claridad del evangelista, recordemos juntos el pasaje que viene en el próximo capítulo. Los compañeros de camino de Jesús se quedan dormidos y no pueden activamente acompañar el dolor del hermano. Esta vivencia de los discípulos nos ayuda a ver como muchas veces decaemos en esta actitud, y cómo el Señor nos convoca nuevamente a su comunidad.

Hna Mariana Zossi OP junto al Grupo de Reflexión Bíblico (Fundación Elmina Paz –Gallo).
29 de Noviembre 2014