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LA PALABRA DEL DOMINGO: Domingo XI durante el año

06/14/2015

No olvides que el día y la hora,
crece desde el pie,
después de la noche, la aurora
crece desde el pie,
crece desde el pueblo el futuro,
crece desde el pie.

Ez 17, 22-24 / Sal 91 / 2 Co 5, 6-10 / Mc 4, 26-34

El capítulo 17 del Libro del profeta Ezequiel nos presenta un mensaje en forma de alegoría: la del águila y el cedro. Vale la pena detenernos a leer y meditar los textos de este domingo con una actitud de contemplación. De la misma manera el salmo 91 y el evangelio utilizan el lenguaje simbólico vinculado a la vida de la naturaleza, para hablarnos del Reino. Esto nos involucra de una manera distinta como lector@s, porque necesitamos entrar en la lógica de la naturaleza: sus ritmos, tiempos, procesos, muy distintos a nuestro estilo de vida urbana.

Ezequiel vive la época del destierro y transmite su mensaje a través de símbolos (como la mayoría de los profetas) para mover el corazón de sus oyentes, atribulados y abatidos. Si podemos leer todo el capítulo 17 veremos cómo utiliza toda clase de imágenes referidas a la naturaleza: las plantas, árboles y animales son descriptos con detalle, no faltan adjetivos ni expresiones de movimiento, se habla del agua y el cuidado que necesitan estos seres vivientes. Los textos dejan entrever al profeta como poeta y su discurso atravesado por la mística y la pasión de quien quiere poner en contacto a sus oyentes con el misterio del Reino.

Si bien en los versículos primeros la alegoría parece referirse a Babilonia y Egipto, en los versículos que leemos hoy más bien se habla de un tiempo futuro mejor, de restauración mesiánica.

flores

Desde el salmo 91 podemos seguir disfrutando

de este lenguaje poético y dejarnos interpelar

por sus imágenes: se nos habla de florecer,

crecer, de estar plantados y dar flores,

de producir frutos…de estar lozanos y frondosos.

En el evangelio de Marcos la parábola nos habla de que Reino de Dios es como una persona que va sembrando…de nuevo se describe el proceso de la siembra, del crecimiento, paso a paso. Lo peculiar de esta parábola es el acento en el crecimiento de la planta: no importa que la persona que siembra duerma o esté despierta, sea de noche o de día, “sin que él sepa cómo”, “el grano brota y crece” (v.27).

Leyendo estos textos vienen a mí muchos recuerdos de la vida de las familias campesinas del Departamento Guasayán, en Santiago del Estero y también del sur andino, de Ilave y Puno: su relación entrañable con la tierra, con los animales, con todo lo creado. De hecho leer estos textos junto a estas familias encontraríamos muchísimos significados más de los que nosotr@s, inmers@s en nuestras culturas urbanas, podemos encontrar. Pero el acercamiento a sus culturas nos permite descubrir por un lado, que el Reino de Dios requiere de estos procesos, de los cuales la naturaleza es maestra: echar la semilla, esperar el tiempo, encontrar el ritmo, dejar que actúen los abonos naturales, dejar crecer, entre otros. Quizás podríamos traducirlos por entrar, recibir, esperar, trabajar para buscar ese Reino cada día, personalmente y junto a l@s otr@s. Seguramente eso nos requerirá paciencia, diálogo, discernimiento, para esperar ritmos y procesos de l@s otr@s y nuestros, para comprender, para aprender a actuar junt@s.

siembra

Los textos nos repiten por otro lado que en los árboles plantados “habitarán toda clase de pájaros” (Ez 17, 23). Aún desde el pequeño grano de mostaza que echa ramas tan grandes que “las aves del cielo anidan a su sombra” (Mc 4, 32). Eso es el Reino: ese espacio de vida, justicia y libertad, de salud integral y de paz que Dios nos ofrece donde nadie puede quedar excluid@ y que nosotr@s vamos reconociendo a tientas, descubriendo, gestando junto a otr@s, recibiendo muchas veces y soñando también. Junto a frustraciones, desencantos, injusticias e impotencias que sufrimos y vemos sufrir, ese Reino está, existe, sigue creciendo, sin que sepamos cómo.

cosecha