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La Palabra del Domingo: Fiesta de la Epifanía del Señor, Isaías 60, 1-6; Efesio 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

01/06/2015

No sólo el deseo es lo que nos hace buscadores de la Luz, sino el estar abiertos a la palabra del otro que nos puede ayudar a comprender el misterio que estamos contemplando

Adentrándonos a la Palabra:

La celebración de la festividad de la Epifanía, popularmente llamada la “fiesta de los reyes magos”, nos invita a contemplar otro misterio de este tiempo de la Navidad, la manifestación del Señor a todos los pueblos con su correspondiente actitud de reconocimiento y adoración. Los magos no sólo reciben la propuesta desde los cielos de caminar hacia el lugar que los conduciría la estrella, sino que asumen una actitud de reconocimiento, adoración, dice literalmente la palabra en griego, ante un pequeño niño pobre en brazos de su madre. ¿Qué nos plantea esta fiesta?, ¿qué nos invita transformar en nuestra vida? Veamos algunos elementos que nos ayudarán a comprender su mensaje y a intentar hacerlo eco en nuestra vida.
Nos animemos a encontrar al o a la protagonista de la escena. Y aunque nos resulte raro, el personaje nuclear del texto, y que le da tensión al relato, es “la estrella”. Sabemos que en la antigüedad, y principalmente en las tierras de oriente, el surgimiento de una estrella celebraba el nacimiento de una persona significativa para el pueblo… para la historia.
También no debemos dejar en el tintero algo que el escritor bíblico apuntó con mucho esmero (recordemos que la economía narrativa en los textos antiguos era fundamental, el papiro y la tinta no eran bienes de fácil y económico acceso, por lo tanto ¡lo que era fundamental para la comprensión del mensaje debía ser escrito!); “vimos su estrella en el oriente”… fíjense lo interesante de esta expresión. Oriente es el punto cardinal dónde nace el sol, dónde nace la luz, dónde nace la esperanza; lo raro es que aquí el término oriente tiene un artículo, es decir, está subjetivado, hace referencia a un sujeto, a una persona. Los magos están convencidos que siguen al signo de una persona muy significativa que será el “nuevo sol” para la historia de los hombres, ¡una nueva Luz está por surgir!
El tema es que los magos supieron ver ese signo y ponerse en movimiento hacia él. Aquí es fundamental que hagamos una referencia lingüística, si me permiten. Ese signo es nuestra protagonista, una estrella, y este vocablo está muy relacionado con la palabra deseo; el deseo nos conduce fuera de nosotros mismos, es una aspiración por alcanzar un bien y un anhelo que esta siempre fuera de nosotros, que nos trasciende. De ahí su etimología de-sidere: “tender hacia los astros”… o “esperar lo que las estrellas nos muestren”. Los magos no sólo vieron el signo, sino que desearon descubrir lo que significaba, y es eso lo que los puso en movimiento. El deseo frente a ese signo los hace buscadores de una Luz nueva que está naciendo. ¿Cómo lo vieron? En el desierto no es muy fácil orientarse ya que la arena, las dunas y el horizonte son paisajes todos iguales; lo que hay que mirar son las estrellas, ellas nos ubican y nos marcan las sendas. Los magos estaban acostumbrados a mirar las estrellas, a interpretarlas, a dejarse guiar en sus proyectos por esas luces, esas únicas luces que le daban seguridad en sus caminos.
Por último, este signo debía ser explicado con la Palabra. Y aquí esta celebración de “los reyes magos” nos da otra clave para comprender su significado. No sólo el deseo es lo que nos hace buscadores de la Luz, sino el estar abiertos a la palabra del otro que nos puede ayudar a comprender el misterio que estamos contemplando. Y fíjense que esa palabra vino de personas que no querían ver (de Herodes y los Sabios de Jerusalén), ni estaban deseosos de buscar una “luz nueva”; pero esa intervención les ayuda a nuestros magos a continuar su búsqueda, a ponerse nuevamente de camino, y encontrar a un niño con su madre en brazos, la nueva Luz para la historia de los hombres.
Entonces ¿a qué nos invita este texto de los magos? A ser mujeres y varones de ojos abiertos para mirar los signos de Vida que están en medio nuestro, a ser personas deseantes, buscadores incansables de esa Persona que nos dará una Vida Nueva, una Luz diferente para nuestra historia, a ser abiertos para recibir la Palabra que nos ayude a comprender nuestras búsquedas, a animar a otros en sus caminos de discernimientos, por último, a reconocer la presencia del Señor en lo más pequeño, un niño en brazos de su madre, y a adorarle, a darle su lugar en nuestra vida.

Hna Mariana Zossi OP
Licenciada en Sagradas Escrituras
5 de Enero 2015