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Renovación de votos de la Hna. Daniela

06/19/2019

Damos gracias a Dios por seguir llamando a Daniela a vivir y predicar el Evangelio como lo hizo Elmina Paz-Gallo y rezamos por su vocación.

Compartimos las palabras de la Hna. Cynthia en la celebración:

«Hacer los votos de castidad, pobreza y obediencia es ante todo un acto de esperanza, es sembrar esperanza en tiempos donde cuesta hacer promesas para siempre. Cómo vivimos la esperanza juntas? Que relatos nutren nuestros actos de esperanza? La Hna. Teresa Maya, mexicana y actual presidenta de la Confederación de Religiosas de los Estados Unidos, nos contaba hace poco en el Asamblea de la UISG, que en Colombia, en un contexto de gran violencia, un grupo de mujeres creó una asociación que se llama “Alas nuevas” dedicada a la cría de mariposas y su misión consistía en regalar mariposas a cada mujer atravesada por el dolor de la muerte de un ser querido. Regalando una mariposa por vez, ellas hacían actos de esperanza cada día, buscando restaurar la paz. Con esfuerzos simples podemos sembrar semillas de esperanza! Tenemos que animarnos a contar pequeños relatos impregnados de gestos de esperanza, que son promesas de vida.

Lo que Daniela está haciendo hoy entre nosotras es un acto de esperanza en la visión de Dios para nuestro futuro como humanidad y nos invita a renovar esta esperanza juntas, porque juntas somos llamadas a ser discípulas de Jesús, porque juntas somos llamadas a ser sacramento de Dios en este mundo. Y sabemos porque lo hemos experimentado, que la esperanza es un don que se nos concede suavemente a veces en medio de la desesperación.

Nuestro presente no es un tiempo de grandes discursos ni de grandes empresas, es un tiempo de gestos, tiempo de lenguaje no verbal. Por ello Daniela está de rodillas y pone sus manos en las manos de una hermana, como un gran gesto de confianza, porque hacer profesión religiosa es un pacto mutuo de confianza en Dios, según nos recuerdan nuestras constituciones.

Hacer los votos religiosos es también un acto de memoria, porque el futuro reside en nuestra memoria, el futuro requiere actos de buena memoria. Por eso nos gusta recordar relatos de las mujeres que nos precedieron, contamos estas historias  para saber quienes somos. Aquí en Santiago del Estero recordamos siempre a Elmina Paz, quien vivió como esposa y madre en estas tierras y a Catalina Zavalía o Brígida Monasterio, entre otras, porque fueron las emprendedoras que soñaron con una presencia dominicana en esta provincia y gracias a su empuje hoy podemos disfrutar de una comunidad y de un hermoso espacio de predicación

Hacer memoria es un sacramento, un signo sensible que nos acerca a tantas mujeres religiosas que se entregaron como Jesús para que otros tuviesen vida. Tenemos que invocar a esas mujeres, conocerlas, preguntar que hicieron? Quienes fueron? Con que lucharon?  Recuperar su legado es una tarea y un don inmenso en nuestra vida porque permite que nos situemos en una corriente vital en la que nos reconocemos herederas.

Hacer los votos religiosos es un acto de discernimiento y como dominicas sabemos que en la práctica del discernimiento comunitario recibimos esa sabiduría espiritual que nos permite percibir el presente, escrutar los signos de los tiempos. Y además sabemos que desde el silencio y la vida contemplativa se nos regala este precioso don.

Hacer la profesión religiosa es una siembra y estamos llamadas a vivir un liderazgo, el del sembrador que está al servicio, tenemos que animarnos a aceptar ese liderazgo desde a práctica de la colegialidad, la sinodalidad, tejiendo redes, contectándonos con otras mujeres, fortaleciendo la urdimbre de los discípulos y misioneros.

Hacer los votos es también restaurar, nos entregamos para restaurar la dignidad humana, una persona cada vez, como las mariposas. Nuestro hermano Pierre Claverie decía que hacer presente el Reino de Dios es rescatar a otros del reino de la muerte. Por ello Daniela, a quien le apasiona el compromiso con la educación, en cada gesto y acción pastoral que realiza está rescatando a otros de la muerte: de la muerte de la ignorancia, de la muerte de la soledad, del aislamiento, del dolor, de la violencia…

Que el Señor nos haga discípulas y  misioneras para que podamos hacer actos de esperanza y de memoria, para que aprendamos a discernir juntas a sembrar y a restaurar.»