Adentrándonos en la Palabra

Domingo 1 de Diciembre 2019

I Domingo de Adviento

La primera reacción humana es despertar y atender a lo que se nos viene encima. Es también la primera actitud que nos invita este adviento: “a estar alerta”. Velar y estar despiertos, son actitudes que necesitamos cuidar en un mundo que nos adormece, que nos insensibiliza.

Isaías 2,1-5, Salmo 121, Romanos 13, 11-14a y Mateo 24, 37-44.

Con este domingo comenzamos el ciclo litúrgico “A” en donde reflexionaremos el evangelio de Mateo. Por las características que tiene el tiempo de adviento, los textos del primer domingo nos traen una parte del discurso escatológico mateano. Los capítulos 24 y 25 del evangelio de Mateo nos ofrecen el quinto y último discurso de Jesús, conocido como el “Discurso Escatológico”, porque habla del final de la historia y del mundo. Este tiene tres partes:

a) Una instrucción acerca del cómo y del cuándo de la venida definitiva del Señor y del fin del mundo (24,3-44);
b) Una serie de tres comparaciones o parábolas, que ilustran las actitudes de los discípulos ante este acontecimiento (24,45- 25,30);
c) Una descripción plástica del juicio final (25,31-46)
La finalidad de este discurso no es describir el futuro, sino orientar a los discípulos hacia él e invitarles a vivirlo en alerta. La curiosidad de los discípulos por conocer el futuro, el cómo y el cuándo no tiene importancia (el versículo 24,3, que no leemos hoy, trae esta pregunta). Lo que cuenta es cómo vivimos aquí y ahora para poder acoger la venida del Señor, que es el motivo central de los capítulos 24 y 25 (9 veces se cita esta venida: 24,3.27.30.37.39.50; 25,6.19.31).
Por lo tanto, en este primer paso de preparación hacia la navidad, los textos no van a detenerse en el cuándo y en el cómo sino en la preparación y actitud de quién espera. Veamos cómo cada texto nos hace hincapié en ello.
Isaías invita a realizar un doble movimiento. Por un lado un movimiento de salida que lleva a la proclamación de la Palabra a todas la naciones y pueblos numerosos; por otro, se concretiza el movimiento hacia dentro en el cual son convocados todos a habitar en el monte santo… lugar de la presencia de Dios. Esta Palabra escuchada en medio del pueblo que produce el movimiento hacia el Señor, transforma las actitudes de violencia y tensión en una paz radical. La primera clave en esta preparación y espera es la de escuchar y acercarnos a Él, el único que puede desde dentro transformar nuestro corazón en un corazón pacificado. Solo así podremos ser germen de paz para los demás.
La segunda actitud que nos traen los textos de hoy es aquella que nos ayuda a hacer consciente el tiempo presente. Pablo habla del “kairos”… del tiempo oportuno; ese tiempo que comprendemos como el más propicio para atravesar situaciones centrales en nuestra vida, para superar el dolor y vivir experiencias de conversión. El apóstol caracterizará este tiempo kairotico con un elemento clave: “la noche está avanzada… el día se avecina”. Este es el tiempo oportuno para despertar y asumir el cambio.
El amanecer no nos tiene que sorprender sino más bien darnos la fuerza para disponer nuestra mente y corazón a lo nuevo, a lo que viene. Es interesante que el verbo “despertarse del sueño” se presenta de forma pasiva; es decir que somos despertados para poder ver la luz. Nuevamente, para que la gracia de Dios actúe en nuestra vida disponiéndonos a ese amanecer, la carta de Pablo a los romanos nos trae algunas actitudes que necesitamos vivir para hacer consciente ese tiempo oportuno. Recuperamos solamente una de ellas: ¡vivamos con dignidad! Etimológicamente la persona digna es aquella que es consciente de lo que es y acepta su vida.
Por último, Mateo nos invita a estar despiertos ante lo que viene. La primera reacción humana es despertar y atender a lo que se nos viene encima. Es también la primera actitud que nos invita este adviento: “a estar alerta”. Velar y estar despiertos, son actitudes que necesitamos cuidar en un mundo que nos adormece, que nos insensibiliza.
El evangelista pone un ejemplo del AT. La gente de la época de Noé no era consciente de lo que estaba viviendo… de su presente. El relator bíblico hace referencia a que se “dedicaban” a otras cosas: comer, beber, etc. al no estar atentos… no pudieron conocer la presencia del tiempo final (no habla de una culpa moral, sino el de no conocer: οὐκ ἔγνωσαν).
Al poner este ejemplo Mateo nos invita al estar atentos y despiertos porque el hijo del Hombre ya viene. Al no saber el cuándo, la invitación se transforma en un estilo de vida que hace presente la historia y la discierne; es un vivir atentos a los signos de los tiempos, a no dejamos atrofiar por la superficialidad y la incoherencia, a despertarnos a la fe con responsabilidad personal y social. A reflexionar en nuestra vida lo que acontece.