Adentrándonos en la Palabra

Domingo 3 de Noviembre 2019

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Zaqueo pensaba que estaba buscando a Jesús, cuando en realidad Jesús había venido a buscarlo a él. Cuando el Señor se aloja en su casa, él recobra realmente su ser y su misión: Zaqueo significa “ser justo”.

Sabiduría 11,22–12,2; Sal 144; II Tesalonicenses 1,11–2,2 y Lucas 19, 1-10.

Los textos de este domingo nos invitan a detener la mirada en la siguiente consigna “intentar a toda costa ser testigos de la salvación para que ella habite en nuestra casa”. El libro de la Sabiduría y el Sal 144 nos recuerdan lo que Zaqueo afirmará sobre su vida: solo el que vive la compasión y el arrepentimiento podrá ser testigo del Señor. Veamos de una manera especial el proceso que vive Zaqueo, el protagonista del evangelio, en esta última actitud que enseña Jesús a sus discípulos en la tercera etapa de la subida a Jerusalén. (Para mayor profundización, te sugerimos el siguiente texto:  Leer material)

La perícopa de Zaqueo es delimitada entre los versículos 2-10, dónde observamos un indicio interno por la inclusión que forma el verbo “buscar” (z’étein), que está presente en los versículos 3 y 10: “(Zaqueo) buscaba (ez’étei) ver quién era Jesús…”, y “el Hijo del hombre vino a buscar (z’étésai)… lo que estaba perdido” (v. 10). Esta inclusión sirve de señal para determinar las secuencias correlativas: en la inicial se encuentra una persona que “busca” ver, pero tropieza con un obstáculo. Al final se halla el desenlace, cuando el que buscaba es “buscado” por Jesús. Esto sirve también como indicador de la óptica bajo la cual se debe leer la perícopa.

En un intento de estructurar el relato se reconoce dos partes. En la primera (vv. 1-5a), sólo se oye la voz del relator, mientras que en la segunda (vv. 5b-10) dominan los diálogos. Las intervenciones de los personajes parecen estar dispuestas en forma de un paralelismo concéntrico, cuyos extremos son las dos intervenciones de Jesús (breve la primera, y más extensa la segunda). En las dos intervenciones aparecen los términos “hoy” y “casa”. El centro lo constituye la murmuración de los presentes.

El relato comienza presentando al personaje: se llama Zaqueo, es rico y tiene su oficio: es jefe de los cobradores de impuestos de Jericó. El personaje lleva un nombre judío (zakkai) que significa “puro, limpio”. A pesar de ostentar un nombre tan ilustre y con tal significado, Zaqueo acumula notas negativas: pertenece al gremio de los cobradores de impuestos. Era conocida la injusticia que desplegaban en el ejercicio de su tarea, cobrando de más y extorsionando a la gente… Zaqueo no solamente era cobrador de impuestos, sino que era además ¡el jefe de los cobradores de impuestos!

De Zaqueo se dice además que era muy rico. Lucas tiene muy mala opinión de los ricos. En las primeras páginas de su Evangelio suenan las frases del Magníficat: “derribó a los poderosos de sus tronos… despidió a los ricos con las manos vacías” (1, 52-53); y junto a las bienaventuranzas está también el “¡Ay de ustedes, los ricos…!” (6, 24). Aunque hay otros textos en donde valora las acciones de personas que se encuentran en una situación acomodada.

Zaqueo es presentado con las notas de jefe de los cobradores de impuestos y además rico, de modo que el lector se dispone a calificarlo como una persona reprobable, el prototipo de los hombres injustos, al mismo tiempo que paradójicamente lleva un nombre honorable: es un mal judío.

Después de presentar al personaje, comienza a desarrollarse la acción diciendo que Zaqueo “buscaba ver quién era Jesús”. No era la simple curiosidad de saber “cómo” era Jesús, sino que le interesaba saber “quién” era el Señor. Tenía interés por la persona de Jesús. El verbo en tiempo imperfecto indica una acción prolongada. Para poder ver al Señor debía superar la dificultad que le presentaba la multitud.

Zaqueo soluciona el problema: se adelanta corriendo y sube a un árbol ubicado en un lugar por donde va a pasar Jesús. Ubicado allí, sin estar en contacto con la gente, podrá ver a Jesús desde lo alto. Allí se produce lo contrario… el que “buscaba ver” y subió al árbol “para poder ver”, es “mirado” por Jesús. Además, Jesús lo llama por su nombre, como si ya lo conociera de antemano, y se dirige a él con un imperativo al que le añade una nota de urgencia (“Baja rápidamente”, lit.: apurándote desciende). La urgencia se explica porque se presenta una necesidad (“debo alojarme”) que debe ser resuelta en el día de “hoy”. El adverbio “hoy” es enfatizado por su ubicación en el primer lugar de la frase. Hay una necesidad de que el encuentro se produzca en ese “hoy”, es algo impostergable. El tema del “hoy” volverá más adelante en las palabras de Jesús en el final de la perícopa. Al alojarse en esta casa, se entiende que también compartirá la mesa con Zaqueo.

La reacción de Zaqueo queda en paralelo con las palabras de Jesús. A la urgencia, responde con rapidez; a la necesidad de alojarse, responde con alegría.

Con el encuentro de Jesús y Zaqueo, el problema parece resuelto. Pero en el lugar central del diálogo aparece una nueva instancia. Interviene un grupo de personas, no identificadas, que no se asocian a la alegría: “Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Ha entrado a alojarse en casa de un hombre pecador”. ¿Quiénes son estos “todos”? No se dice; ellos permanecen en la penumbra, murmurando por lo que ha hecho Jesús. La crítica dirigida a Jesús se fundamenta en que Zaqueo es “…un pecador”.

Por eso, Zaqueo reacciona poniéndose de pie para exponer su comportamiento ante Jesús. Sus palabras van precedidas de un vocativo: “Señor”. Zaqueo, al llamar a Jesús con este título reconoce que ha llegado a “ver quién es Jesús”. Él no expresa sentimientos de arrepentimiento ni pide perdón a Jesús. Simplemente dice: “Señor, yo doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le restituyo cuatro veces más”. Los verbos con los que Zaqueo describe su proceder (“doy… restituyo… didómi… apodidómi”) están en tiempo presente, que expresa UNA ACCIÓN ACTUAL CONTINUADA, como en la parábola de la semana pasada del fariseo y el publicano. ¡Vuelve a ser “Zaqueo”… una persona justa!

El desenlace se produce con las palabras de Jesús. El Señor no se dirige directamente a los murmuradores, sino a Zaqueo: “HOY ha llegado la salvación a esta casa”, como respuesta a los que dicen que Jesús “ha ido a alojarse con un hombre pecador”.  Al concluir la perícopa se devela la razón de la urgencia y la necesidad de esta acción que se debe cumplir en ese “hoy”: la visita de Jesús es la salvación, haciendo eco a los otros hoy del evangelio lucano.

Lucas utiliza oportunamente el adverbio “hoy” para indicar a sus lectores que la salvación es una realidad que ya se hace presente, y que no ha quedado postergada para un tiempo final indefinido.