Llamada por el amor de Cristo, la hermana que ingresa en la Congregación, busca responder a esta invitación. Con otras hermanas que han encontrado en Jesucristo la fuente de su dinamismo, el sentido y la finalidad de su vida, se esfuerza por vivir de este amor en una comunidad, que es signo de la misericordia y de la fidelidad de Dios. (Const 91)
Cuando alguien elige la vida dominicana responde a una atracción personal por el servicio de la Palabra, desde las aptitudes que posee. Esta opción invita a la hermana a emprender el camino con todo un pueblo, en el seguimiento de Cristo. (Const 92)
La Congregación debe ofrecer un ambiente comunitario sólido, capaz de contribuir, por su vitalidad y su discernimiento, a la formación de las hermanas. (Const 93 § I)
En la vida comunitaria de cada día, la hermana se va iniciando en la oración personal y litúrgica, en las relaciones fraternas y en la vida apostólica. Va adentrándose en la lectura evangélica de las realidades humanas y construye la unidad de su vida en el amor de Dios y de sus hermanos y hermanas. Esta iniciación se arraiga en la escucha y el estudio de la Palabra de Dios y en la docilidad al Espíritu a lo largo de una formación constante hacia la verdadera libertad de los hijos e hijas de Dios. (Const 93 § II)
Tanto la Formación inicial como la Formación permanente estarán reguladas por el Plan de Formación Continua, aprobado por el Capítulo de la Congregación. (Const 96)
La formación es un proceso que configura la identidad personal en clave creyente. A través de ella se busca integrar toda nuestra historia personal y los distintos aspectos de nuestra vida consagrada, según el espíritu de Domingo de Guzmán. (Const 97)
La formación incluirá los siguientes aspectos fundamentales de la vida dominicana:
• Predicación por el Reino.
• Unanimidad en la vida común.
• Fidelidad a la profesión de los consejos evangélicos.
• Celebración común de la liturgia y la oración.
• Asiduidad en el estudio.