Poscongreso de Nuevas Generaciones de la Vida Consagrada

Poscongreso de Nuevas Generaciones de la Vida Consagrada

La hna. Rossana Aguilar participó en el Poscongreso de Nuevas Generaciones de la Vida Consagrada que se llevó a cabo en San Miguel, provincia de Buenos Aires, del 3 al 5 de mayo.

En el mismo se compartieron diferentes testimonios y experiencias de quienes participaron en el Congreso de Nuevas Generaciones realizado por la CLAR en Quito, Ecuador, el pasado mes de marzo.

En dinámica de oración y con el método de la conversación en el Espíritu, se retomaron algunos de los cinco aspectos que resultan significativos para la Vida Religiosa de América Latina y el Caribe, en el espíritu de la sinodalidad y en la vivencia de nuestra consagración.

  1. Misión y conversión pastoral
  2. Obediencia y modelos relacionales
  3. Formación para la sinodalidad
  4. Ejercicio de la autoridad
  5. Renovación de las estructuras

A partir de la lectura de documentos, los trabajos grupales y las reflexiones compartidas en los grupos de vida, las conclusiones del encuentro giraron en torno a tres ejes principales desde los cuales deseamos seguir caminando y sosteniendo nuestra vida consagrada y misión. Ellos son:

  • Espiritualidad: Priorizar y cuidar los espacios de oración personal y comunitaria como algo esencial para la vida consagrada alimentados desde la creatividad y abiertos al Espíritu. 
  • Fraternidad / Sororidad: Ser conscientes que somos ‘un hermano más’ para que se refleje el espíritu de unidad de las primeras comunidades en el ‘miren cómo se aman’ porque nuestra consagración se nutre y fortalece en los vínculos fraternos: abiertos a reconocer al otro como don, escucha activa, acompañamiento y sostén desde un espíritu de diálogo.
  • Misión / Apostolado: Sostenemos que la misión debe ser comunitaria en sus discernimientos, búsquedas y toma de decisiones. Una misión centrada en el seguimiento de Jesús en diálogo inter (congregacional, vocacional…), aprendiendo a caminar, trabajar juntos, uniendo fuerzas, siendo signos de esperanza, fieles a nuestra vocación, ante nuevos desafíos.

Reconocemos, una vez más, que la Vida Religiosa se encuentra en un momento crucial de su historia, donde la escucha, el discernimiento y la conversión se presentan como pilares para renovar su misión y sus estructuras. El desafío es grande, pero la confianza en la guía del Espíritu y el compromiso con la justicia y la fraternidad guiarán el camino hacia una Iglesia Sinodal en Misión.